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10 ventajas de viajar solo/a

Si al filo de las vacaciones terminaste tu relación de pareja, si no encontraste un compañero de viaje que coincida con vos en gustos y fechas, si necesitás dejar atrás tu rutina por un tiempo, entonces te aconsejamos seguir leyendo esta nota, que relata las ventajas de salir a conocer el mundo en solitario.

-Es terapéutico. Si tu realidad coincide con alguna de las opciones mencionadas más arriba, entonces tomarse un avión puede ser una buena solución, aunque sea momentánea, para apartarse de los problemas. El viaje –tal vez una simple escapada a Colonia– constituye una oportunidad ideal para distraer la mente. Si uno está solo, mejor aún para tomarse el tiempo y la distancia necesarias para realizar un balance, reflexionar y volver con el panorama un poco más claro.

-Libertad de movimiento. Sin compañero en el camino, no hay que consensuar qué destino tomar, si salir a conocer Cartagena o quedarse descansando en sus playas cercanas, si comprar comida para un picnic en el Central Park o comer en un restaurante de Times Square. Cuando uno viaja solo puede hacer lo que le plazca y decidir el rumbo a tomar en el momento, dependiendo de sus ganas. O, por el contrario, planificar todo antes de partir, pero nuevamente sin consultarle a nadie. En definitiva, hacer el viaje de tus sueños (¿Meditar en India?, ¿recorrer Australia completa?, ¿navegar por las islas del Caribe?, ¿hacer un safari por África?, y más).

-Viaje hacia el interior. Una forma de reflexionar sobre uno mismo, conocerse en las más diversas situaciones y hasta mirar atentamente el mundo, es viajar en solitario. Si bien a lo largo de la travesía será habitual compartir momentos con otra gente, también tendremos mucho tiempo para estar solos y dialogar sin intermediarios con nuestros pensamientos. En una caminata por París, a lo largo de la Avenida Marceau, hasta la Torre Eiffel, en un café en Montparnasse o relajándose en Montmartre, quizás puedas repasar en tu interior los aspectos más relevantes de tu vida.

-Conocer gente, culturas y mejorar las habilidades sociales. A las personas les cuesta menos acercarse a alguien que está solo y éste, a su vez, está más dispuesto a abrirse en esta situación. Incluso es habitual que la gente se preocupe por ese viajero solitario, le ofrezca la posibilidad de estar acompañado y le presente amigos. Resultará muy enriquecedor tomar contacto con las tradiciones árabes o las costumbres chinas si tenemos la oportunidad que un lugareños nos abra las puertas. O intercambiar experiencias con otro trotamundo, cuya historia de vida y origen es muy diferente al nuestro.

-Mejorar el inglés o el idioma que sea. Puede costar al principio, que no te salgan las palabras o que te cueste comprender lo que te dice tu interlocutor –un norteamericano que habla a toda velocidad– pero con el correr de los días la comunicación se tornará más simple y todo terminará siendo un excelente ejercicio para practicar idiomas foráneos.

-Encontrar lugar en transportes, restaurantes y alojamientos. Es lógico que siempre va a ser más fácil hallar espacio en trenes, aviones y buses, e incluso aprovechar las tarifas más económicas (es muy frecuente dentro de Europa). Lo mismo sucederá con una cama en algún hostel y con otros servicios en sitios que incluso son muy turísticos, como Venecia o Praga.

-Apreciar mejor los destinos. El viaje no sufrirá interferencias ni voces que distraigan tu sed de conocer. Estarás necesariamente más atento –para evitar perderte en sitios que no son familiares, para sentirte más seguro y para cuidar tus pertenencias– y podrás entablar una relación más directa con tu entorno (montañas, playas, selva, ciudades, pueblos, gente).

-Hacer lo que te gusta. Además de viajar, claramente, se abren otros espacios para dar rienda suelta a aquello que te gusta y que en el lugar donde vivís no podés concretarlo. Leer el libro olvidado durante meses en la mesita de luz, caminar sin la limitación del tiempo, descansar hasta cansarte de descansar, escribir lo que mirás o pensás, tomar fotos o incluso inscribirte en algún curso, son algunas actividades para concretar en un viaje (y hay muchas más). En Tailandia, por ejemplo, es habitual anotarse en una clase de cocina, que dura unas pocas horas y permite visitar un mercado, conocer técnicas y platos típicos, y disfrutar de un momento entre turistas de todas las nacionalidades.

-Una experiencia que se repite. La mayoría de los viajeros en solitario coincide en que resulta una experiencia tan enriquecedora que la vuelven a repetir. Si bien al principio aparece cierto temor, cuando se da el primer paso se multiplican los momentos gratificantes. Lo idea es comenzar con alguna escapada cercana o por un viaje dentro del país, y luego extender el horizonte hacia otros confines.

-Volver con nuevos amigos. En cada sitio seguramente encontrarás gente con la que charlar. Así te llevarás un listado de contactos con los que podrás seguir dialogando a la distancia o incluso planificando algún encuentro en el futuro.

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