Un buen sorbo de ulmo sour sirve como antídoto para contrarrestar el frío intenso y húmedo que se siente afuera, en los escenarios del sur chileno. El brebaje es un bálsamo para el cuerpo y el alma, dulce y fuerte, de nacionalidad trasandina, pues combina en su justa medida la miel del ulmo -un árbol autóctono- con el pisco. Después saboreamos una entrada a base de loco, una especialidad marina, suave y sabrosa; una sopa bien sustanciosa, un salmón y un postre a base de frutos rojos del bosque. Ahora sí, ya estamos preparados para continuar con el paseo por la X Región de los Lagos, ubicada a la misma altura de Bariloche, El Bolsón y San Martín de los Andes.
Habíamos salido bien temprano desde Puerto Montt, en un día brumoso y lluvioso de invierno como suelen ser en esa región, donde el promedio de lluvias alcanza los 3.800 milímetros por año, un valor muy por encima a Santiago, por ejemplo, donde llueve 250 mm. anuales. Así que con capa en mano y buen calzado bajamos del bus, después de dos horas de viaje, para adueñarnos de un paisaje singular: los saltos del Petrohué. Caminamos entre árboles añosos, por las pasarelas húmedas y, como anticipo de lo que vendría, escuchamos el sonido de fondo del agua que cae con furia sobre el lago Todos los Santos. También llamado Esmeralda, este espejo de agua adquiere una tonalidad verdeazulada porque tiene entre sus componentes al cobre. El agua se tropieza con las rocas negras, testigos mudas de los volcanes, y cae estrepitosamente dejando una estela volátil que empapa los rostros de los visitantes.
Ya en el Parque Nacional Vicente Pérez Rosales nos embarcamos en el navío de Cruce de Lagos para adentrarnos en el escenario, en el cual los cerros jalonados por cascadas, el lago y el viento gélido aparecen como protagonistas. A falta de pisco, combatimos el frío con un café bien caliente mientras disfrutamos de la navegación que nos lleva hasta Peulla, donde cabe la posibilidad de realizar diferentes excursiones. Por la lluvia, elegimos un paseo en Unimog, el cual que nos permitió sortear los diversos escollos del camino y aventurarnos en el lugar hasta culminar en la cascada Las Mellizas para luego brindar con un infaltable chocolate caliente.
Frutillar: el legado alemán.
Como una amable anfitriona, Irma nos recibe en el hotel Elun y nos invita con una sabrosa cena en un comedor acogedor, con madera a la vista y amplios ventanales que dejan ver el paisaje. Estamos en Frutillar, uno de los poblados que se levantan en torno al lago Llanquihue, localizado a 50 km. de Puerto Montt.
Apacible y pleno de encanto, Frutillar deja traslucir su estirpe alemán que los primeros inmigrantes moldearon en las edificaciones, legando también los secretos gastronómicos, especialmente las tortas y dulces. Algo de eso se puede apreciar en el Museo Colonial Alemán, una muestra de lo que fue la vida cotidiana en el siglo XIX. Rodeadas de prolijos jardines, la Casa del Molino, el Campanario, la Casa del Herrero y la Casona de Campo reproducen las principales actividades de los colonos.
Todo ello, con la omnipresencia del lago y la espesa vegetación que aparece con toda su fuerza en la reserva experimental Edmundo Winkler, un pulmón que irradia vida en el corazón del poblado. Nos internamos en el bosque, donde se entrelazan ulmos, tepas, olivillos, radales, avellanos y arrayanes, formando un techo abovedado verde que cubre el sendero. Nos sentimos ínfimos al lado del laurel gigante que acredita 700 años de vida. Descubrimos plantas medicinales, como la yerba del platero, para dolencias renales, entre otras 800 especies utilizadas por los mapuches. También avizoramos los huecos en los árboles que son la morada de los marsupiales monitos del monte.
Chiloé: mitos y leyendas.
A raíz de la lucha entre las culebras caicai, que hace subir las aguas, y tenten, que levanta la tierra, se producen los terremotos y maremotos. Así lo explicaban los indígenas, que crearon una mitología que arraigó fuertemente en la isla de Chiloé, hoy recreada en figuras talladas y en historias atrapantes.
Ubicada a 90 km. de Puerto Montt, Chiloé está unida al continente en forma permanente por transbordadores. Desde Ancud nos introducimos en ese mundo de leyendas y mitologías, ahora mixturadas con el legado jesuita, que se deja ver incólume en el puñado de iglesias y capillas erigidas entre los siglos XVII y XIX, de las cuales 16 fueron declaradas Patrimonio de la Humanidad. Como muchas de las construcciones de la región, están realizadas en tejuelas de madera, con varios pórticos de ingreso y coronadas por un techo a dos aguas con una torre.
Sobre la costa se parapetan las viviendas coloridas de los pescadores que se levantan sobre palafitos, para hacer frente a los caprichos del mar y el clima riguroso de la zona. La lluvia no da tregua, por lo cual optamos por refugiarnos en la feria municipal de Ancud para apreciar los mariscos secos, la miel de ulmo y productos marinos bastante peculiares, como el cochallullo o el lushe. Y para adquirir un pulóver de lana o algún otro recuerdo del lugar.
La naturaleza en todas sus formas.
El siguiente destino ya está a la vista de todos, a pesar de la bruma y de que aún nos separan 109 km. desde Puerto Montt. El Osorno es un coloso blanco que se alinea junto a otros volcanes, como el Calbuco, el Puntiagudo y el Casablanca. Además de ser un paseo interesante para apreciar la vista de la zona, el Osorno se ha transformado en un centro de esquí para quienes deseen despuntar el vicio del deporte invernal. Yendo hacia el norte, otro centro de esquí de la zona es Antillanca.
Si bien algunos de los volcanes están extintos, la naturaleza sigue haciendo de las suyas y de las profundidades de la tierra el agua sale a 60 grados de temperatura. Esto se pone de manifiesto en Termas Puyehue, donde se encuentran el hotel & Spa Termal y el Aguas Calientes.
Desde allí iniciamos una nueva travesía por el Parque Nacional Puyehue de la mano de nuestro guía, Robinson, quien nos conduce por Anticura, donde podemos apreciar los saltos El Puma, del Indio y de los Novios. Seguimos con una caminata ajetreada por un sendero que se extiende 3.600 m. hasta culminar en el mirador El Pionero, desde donde obtenemos una vista privilegiada de los lagos. Luego, Robinson nos cuenta sobre las mujeres mapuches que, para contrarrestar los dolores de parto, se internaban bajo las aguas heladas del río Gol Gol donde daban a luz. Escenarios paisajísticos únicos, mixturados de historia.
La jornada culmina, como no podía ser de otra manera, con una buena cena a base de salmón relleno con vegetales y regado por un vino local de tipo carmenere.
Cómo llegar: desde Santiago hasta Puerto Montt se puede acceder en un viaje de dos horas con LAN.
Alojamiento: en Chiloé en la hostería Ancud de Panamericana Hoteles, aunque otra opción es alojarse en casas de campo. En Puerto Montt, en el hotel La Península); en Frutillar, en el hotel Elun; y en Puyehue en el Termas Puyehue Hotel & Spa Termal.
Clima: oceánico, fresco y húmedo, con una temperatura anual promedio de 10 a 13 grados, y abundantes precipitaciones durante buena parte del año.
Informes: www.sernatur.cl.
Sur chileno: una constelación de selvas, lagos y volcanes
La X Región de los Lagos chilena, que irrumpe a dos horas de vuelo desde Santiago, es una manifestación clara de las maravillas de la naturaleza, encarnadas en la espesa selva valdiviana, los ríos torrentosos que desembocan en plácidos lagos y los volcanes coronados de nieve.
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