La naturaleza es bella en todo el orbe, pero en Colombia parece estar arrinconada en todo su esplendor. Desde esta esquina del continente sudamericano, nuestro país abraza los dos océanos, es atravesado por la cordillera de los Andes en elevados picos bañados de nieve, es estación de paso del segundo río más largo del mundo. Un lugar donde el frío vive a una hora del verano y a donde hasta las ballenas llegan para reproducirse.
El trópico hizo su trinchera en Colombia, y por eso, en sus 1.141.748 km² de superficie continental se despliegan 54 áreas protegidas, que hacen parte del Sistema de Parques Nacionales Naturales. En ellos da cuenta una biodiversidad inagotable, acompañada de 928.660 km² de dominios marítimos donde se esconden los coloridos misterios del océano.
Viajando presenta un recorrido por los parques más representativos y diversos de la geografía colombiana. Todos ellos, fieles rostros de los alcances de la naturaleza, que a pesar de los años, se reinventa todos los días configurándose en increíbles topografías que llevan a sus viajeros a vivir en un profundo trance de sorpresa y admiración.
Paraísos de costa a costa
TAYRONA: ENTRE EL MAR Y LA MONTAÑA.
Primero hay una larga selva donde hay que hacerle el quite a las filas de hormigas cargando hojas destrozadas. Atrás se alza la Sierra Nevada de Santa Marta, la montaña costera más alta del mundo, ubicada a solo 80 km. de la playa. Adelante, se extienden docenas de formaciones rocosas, manglares, matorrales asfixiados entre los árboles, y al final, un batallón de palmeras a punto de salir volando con la brisa y clavarse de bruces en un mar al que se le ven las arterias y los animales que lo habitan. Este es el Parque Nacional Natural Tayrona.
Ubicado sobre el mar Caribe, este parque se extiende en las estribaciones de la Sierra Nevada de Santa Marta. Está configurado por bahías y ensenadas con cuyos nombres se hace alusión a las comunidades indígenas que habitaban este lugar: Chengue, Gayraca, Cinto, Neguanje, Concha y Guachaquita comparten este paraíso con un mar que llega y se va y remueve la playa acaramelada. Descansar es una actividad que cobra un nuevo sentido cuando frente a esta increíble creación de la naturaleza, los sentidos se desconectan y un cuerpo y espíritu renovados florecen.
LOS NEVADOS: FUEGO ENCERRADO EN LA NIEVE.
Para llegar hasta arriba hay que tener corazón. En el recorrido la cabalgata cardiaca se acelera y agota al cuerpo. Pero aunque respirar y caminar son actividades difíciles, son los ojos los que jamás se cansan de ver lo que el frío hizo aquí con la tierra. Puyas, deditos, cojines y frailejones aún tiemblan con los ventarrones helados que los golpean. Estos, junto al resto de elementos que constituyen la vegetación de páramo, son el camino por el cual se abren paso los turistas hasta coronar las banderas nevadas que determinan el final del derrotero para el ciudadano común, escaso de entrenamiento en la montaña.
El Parque Nacional Natural Los Nevados, localizado en el corazón del Triángulo del Café y anclado en la marcha de la cordillera de los Andes por el continente, tiene tres picos cubiertos de nieve que alcanzan los 4.800 msnm. Los nevados del Tolima, Santa Isabel y El Ruiz son los protagonistas del paisaje. Este último, también volcán, ardió en 1985 causando la desaparición por avalancha de lava de un pueblo llamado Armero. Hoy está dormido, y a pesar de estar lleno de calor por dentro, en su fachada florece un escalofriante frío.
LOS ESTORAQUES: LA CULPA ES DEL VIENTO.
Al oriente colombiano se extiende una pequeña área protegida donde el ventarrón dejó rezagos con su estampida. Un grupo de enormes piedras rojizas fueron fracturadas por la erosión causada por el viento. El soplo constante convirtió las rocas en figuras fantasmales donde el ojo humano podría crear siluetas humanas, objetos decorativos, animales salvajes, domésticos o sagrados, y letras de alfabetos ancestrales. Todo esto está en el Área Natural Única Los Estoraques, ubicada en los dominios del departamento de Norte de Santander, en la frontera con Venezuela.
El panorama evidencia las consecuencias del paso del tiempo, y del aire que, implacables, esculpieron una obra de arte en la materia de las rocas, dejándolas llenas de huecos y protuberancias. Los estoraques se ubican en un pequeño municipio llamado La playa de Belén y hay antecedentes de que llevan más de 4 millones de años siendo arcilla para el viento.
GORGONA: LA SELVA FLOTANTE.
Para llegar a la que fue durante más de 20 años la prisión de mayor seguridad de Colombia hay que hacer escala en el municipio de Guapi, en Cauca. Allí empieza la travesía: una hora en lancha esquivando las ramas entrometiéndose en el río y las violentas olas del Pacífico hasta tocar los dominios de la isla de las serpientes. El Parque Natural Gorgona, lugar dedicado al descanso, la exploración científica y la estación de paso a donde llegan las ballenas jorobadas para reproducirse.
Gorgona es la isla más selvática del país, con 24 km² de ecosistemas mitad vírgenes mitad ya explorados. En ella no habitan las hormigas diminutas de la Colombia continental, sino unas llamadas soldado, que exceden exponencialmente en tamaño a las anteriores. Los lagartos, serpientes, aves y mamíferos también dan fe de lo salvaje que es este sitio. Las noches son bastante sombrías y, aunque las estrellas fugaces amenazan con caer encima, nunca caen. La playa toma el sol cubierta de conchas y piedritas, y en el día se puede hacer una ruta misteriosa por los vestigios de la Alcatraz colombiana: muros enteros que se comió la selva.
LOS GUACHAROS: AVES DE RADAR.
Las aguas del río Suaza se encargaron de abrirse paso en la tierra para cavar varios túneles al sur del departamento del Huila. Con los años estos se convirtieron en el hogar de un ave singular, mítica para algunas tribus precolombinas, que usa un radar para volar en la oscuridad de las cuevas. Miles de guácharos le dan nombre a éste, el primer parque en ser declarado área protegida de Colombia en 1960.
El Parque Nacional Natural Cueva de los Guácharos extiende sus dominios por la selva tropical andina abarcando alturas de hasta 2.840 msnm. Es el lugar ideal para hacer recorridos experimentales, empaparse de geología en las 9.000 ha. que abarca y disfrutar de la compañía de osos de anteojos, micos maiceros y las aves que parecieran tener complejo de murciélagos, por las cuales se le dio el nombre.
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