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Ecuador: una paleta de colores turísticos

Se trata de uno de los países que concentra la mayor biodiversidad del planeta y, también, un lugar donde se concentran, literalmente, cuatro mundos. De la región insular a la amazonía, la vida en su estado más puro.
Una de las postales exhibe una bellísima máscara de oro, en cuyos rasgos aparece el trabajo de civilizaciones preincaicas. Otra es un colibrí, alimentándose del jugoso néctar de una flor de un rojo brillante. La tercera postal muestra al volcán más alto del mundo, el Cotopaxi, de 5.897 m., con sus nieves perpetuas y sus milenarios glaciares. La última postal corresponde a un viejo artesano, cuya mirada encierra una mezcla de sabiduría y serenidad. Montañas, selva, entretejidos de culturas, un artesanato sin igual, ciudades ricas en arquitectura colonial: Ecuador es el pintoresco enclave en el que convergen todos estos atributos. Ubicado en una posición geográfica privilegiada, el país alberga territorios con infinidad de relieves y suelos, que constituyen cuatro mundos auténticamente diferentes, pero enlazados entre sí por la calidez y la hospitalidad del ecuatoriano. Considerado uno de los 17 países con mayor biodiversidad del planeta, Ecuador es una auténtica invitación al contacto con lo más bello de la Creación.

Naturaleza pura.
De todos los atractivos con que cuenta Ecuador, Galápagos quizás sea el que más empuje promocional ha recibido por años. Y no es para menos: con 13 islas principales y decenas de islotes e islas menores, se trata de uno de los parques nacionales más importantes de la Tierra.
Situado a casi 1.000 km. del continente, Galápagos no sólo presenta playas de arenas blanquísimas, sino también bosques de cactos, además de una rica fauna, erigiéndose así como un auténtico museo viviente de especies que no existen en ningún otro lugar del planeta. Reservas de coloridas aves como piqueros de patas azules y rojas; y también enmascarados, flamencos y pingüinos, son algunos de los exponentes de esta riqueza.
Pero además este pequeño terruño fue desde siempre el sitio elegido por las longevas tortugas gigantes llamadas Galápagos, que presentan un promedio de vida de 150 años. Según narra la historia, el nombre de Galápagos fue dado por los primeros españoles que llegaron hasta estas latitudes, quienes comparaban a estas tortugas con las monturas de sus caballos: en español antiguo, "montura" se decía "galápago".
Pero la principal particularidad de semejante riqueza faunística no radica sólo en su diversidad, sino también en el especial contacto que se genera entre animales y hombres.
Una mano amiga acaricia el caparazón de una tortuga; un aficionado al esnórquel es acompañado, durante su desplazamiento en el agua, por cientos de rayas, peces espada, tiburones martillo y ballenas, sin que esto signifique un peligro; un exótico pájaro aterriza cerca de otro hombre, haciéndose de las migajas de pan que éste le ha dejado a pocos metros.
La convivencia entre especies es perfecta, probablemente como consecuencia de los intensos cuidados que toman los 14 mil habitantes de Galápagos para preservar este valioso hábitat natural. Para muestra, basta un botón: para proteger el medio ambiente, es ley en Galápagos el hecho de que sólo puede recibir a 120 mil turistas al año.
La forma más recomendable de recorrer las islas es tomando un crucero de tres o cuatro noches, en embarcaciones con una capacidad no superior a las 90 personas. Esta alternativa permite desembarcar en las islas por la mañana o por la tarde, y disfrutar de una apacible navegación el resto del día. Por supuesto, con interesantes opciones de confort ya que, si bien los cruceros no son de gran porte, cuentan con cómodas habitaciones y restaurantes, entre otras amenidades.
Otra opción, recomendada especialmente para familias, es alojarse en la isla de Santa Cruz, cuyos pequeños hoteles ofrecen los más jerarquizados servicios.

Perlas costeras.
Es verano, y el sol está tan fuerte que la piel se enrojece en pocos minutos. Como una gran bóveda azul, el cielo envuelve todo el paisaje costero. Lo envuelve todo, excepto al mar, gigante de límpidas aguas que parece disputarle al cielo toda la gama de celestes.
Un mar que también colabora con sus propios colores, acercando a los pies de aquellos turistas algunas pinceladas de blanco, producto de la espuma de esas olas tan bellas como relajantes a la vista.
A poco de andar la playa se torna inaccesible, debido a los gigantescos acantilados que se entrometen en el camino, con sus ocres y naranjas, y sus coronas de tupida vegetación. De norte a sur, las playas de la costa ecuatoriana conforman un colorido collar sobre el océano Pacífico que vale la pena ser recorrido.
Pero quizás el principal atractivo de esta región del país no radique en sus playas, sino en los pintorescos aditamentos que complementan el paisaje: la gente y sus costumbres, la gastronomía, la fisonomía de cada ciudad costera, que varían durante todo el itinerario, de acuerdo a la playa visitada. Esmeraldas, Manabí, Guayas, Los Ríos y El Oro son las provincias ecuatorianas que lindan con el Pacífico; cada una con su rasgo distintivo.
Así, en el Parque Nacional Machalilla, el mar, las playas vírgenes y las florestas se enlazan con la historia de culturas precolombinas. En Puerto López es posible avistar ballenas jorobadas, que año a año se acercan desde la Antártida, para aparearse entre junio y octubre. La bahía de Caráquez se erige como una agradable ciudad desde donde no sólo se accede a bellas playas, sino también a imponentes bosques secos tropicales y sitios arqueológicos de interés. Mientras que las aguas alrededor de la isla de la Plata aparecen atestadas de peces multicolores.
Para conocer la idiosincrasia de los pobladores, es recomendable acercarse a los variopintos poblados de pescadores que se esparcen a lo largo de la costa, como el pujante puerto pesquero de Manta, donde también se podrán degustar sabrosos platos a base de frutos del mar.
Más para esta paleta multicolor: la zona costera es también productora de las más exóticas flores tropicales, característica que ya se ha comenzado a estructurar como producto turístico. Las hay de todos los colores, todas ellas carnosas y muy coloridas. Baste decir que este pequeño país ostenta más de 3 mil especies de orquídeas.
No olvidemos también que la provincia de Guayas alberga al principal puerto del país, Guayaquil, considerado como uno de los más importantes del mundo debido a su ubicación e infraestructura, la cual  brinda facilidades para el comercio marítimo internacional.
En Guayaquil no debe perderse una visita al cerro Santa Ana, en pleno centro, con sus vistosas escalinatas que conducen al faro de la cima. Es éste un espacio muy colorido, debido a que alberga a las primeras viviendas de la ciudad: en este sentido, resulta muy recomendable un recorrido por el barrio Las Peñas, con sus laberínticas callecitas y su artesanato para todos los gustos.
Otros sitios aconsejables son la Torre del Reloj, con una antigüedad no inferior a 200 años; los monumentos a Simón Bolívar y San Martín; y el nuevo Malecón 2000, gigantesca obra que alberga almacenes, galerías, restaurantes y museos, y que permite que los visitantes nacionales y extranjeros disfruten el impresionante paisaje que ofrecen los amplios escenarios fluviales que rodean a la ciudad.

Sinfonias andinas.
Las impresionantes elevaciones montañosas, los volcanes y los nevados son las principales características de la zona andina de Ecuador. Precisamente allí se erigen volcanes de más de 5.000 m., con nieves eternas y primitivos glaciares.
Tal es el caso del Cotopaxi, el Chimborazo o el Cayambe. Todos ellos ofrecen a su vez un marco perfecto de encantadores poblados y fértiles valles.
Asimismo, las 10 provincias que componen la región andina cuentan con ciudades de gran importancia histórica, como Quito y Cuenca, y centros artesanales como Otavalo. También se despliegan en la región varios parques nacionales con flora y fauna muy rica y variada.
En este territorio el viajero vuelve a estar en presencia de otro panorama, totalmente distinto al del resto del país. No sólo por su fisonomía, sino también por sus rasgos culturales: es aquí donde, en honor al dios Sol, a la cosecha o a diversos personajes míticos aún se celebran antiguas tradiciones.
Es aquí también donde se ubican algunos de los mercados indígenas artesanales más destacados de Ecuador. Entre ellos, el de Otavalo, situado en el corazón de la provincia de Imbabura y cuna de bellos tejidos y bordados que expresan la riqueza intercultural de sus habitantes indígenas y mestizos.
Tapices decorativos, ponchos, paños, sacos, pulseras, alforjas y sombreros, son algunos de los productos que se pueden adquirir allí.
Hay otra forma de disfrutar de la zona andina ecuatoriana, que es alojándose en cualquiera de las haciendas coloniales ubicadas al pie de sierras y volcanes. Uno de ellos es el albergue de montaña Cuello de Luna, ubicado a unos 60 km. al sur de Quito que, entre nevados y volcanes, resulta ideal para caminatas, senderismo y paseos en bicicleta de montaña. Desde allí también es posible realizar excursiones a la laguna del cráter Quilotoa, y visitas a las ferias indígenas de Saquisili o Pujilí.
Por supuesto, no se debe pasar por alto una visita a Quito, la capital de Ecuador, que ostenta una notable belleza renacentista y una imponente arquitectura barroca. Allí se erigen imponentes iglesias y conventos, muchos de los cuales presentan interiores bañados en pan de oro y albergan invalorables obras de arte religioso realizadas por artistas indígenas y mestizos.

Explosion verde.
Hacia el este, el mapa de Ecuador es una gran mancha verde. Pero no bien se ingresa en esa región, los verdes van mutando de oscuros a claros, y por entre la exuberante vegetación van apareciendo puntos fosforescentes de a pares: ojitos de pequeñas alimañas que contemplan, expectantes, el paso de los visitantes que se acercan hasta allí.
En esta región, los tigrillos aparecen en perfecta convivencia con tapires, anacondas, boas, tortugas, lagartos, jaguares, venados, armadillos, osos, monos e infinidad de aves.
Sucumbíos, Napo, Pastaza, Morona Santiago, Zamora Chinchipe y Orellana son las seis provincias que componen la Amazonía ecuatoriana. Así, por ejemplo, hacia el noroeste de Sucumbíos, la Reserva de Producción Faunística Cuyabeno abarca 655.781 ha. Situada entre las cuencas de los ríos San Miguel y Aguarico, entre sus características principales se cuentan bosques de clima tropical, lagunas como Zancudococha y numerosas especies de aves, algunas en peligro de extinción. El Cuyabeno, como se conoce popularmente a la zona, también es morada de una importante reserva de caimanes. Su acceso se realiza por los ríos Aguarico y Cuyabeno.
Otra belleza natural es el Parque Nacional Sumaco-Napo Galeras, el cual cuenta con un sendero que atraviesa seis pisos altitudinales hasta llegar al volcán Sumaco.

Informes: www.vivecuador.com.

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