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Belleza y calidez en la otra orilla

La pequeña ciudad uruguaya es una inmejorable opción para vivir un relajado y romántico fin de semana, disfrutando de la particular preciosidad de este destino tan próximo a Buenos Aires. Su casco histórico, las playas y las compras constituyen algunos de los imperdibles para quien desee conocer el enclave.

A medida que uno se va acercando, la fisonomía de la ciudad va modificándose y adquiriendo tonalidades y formas que indican que se está en las proximidades del Casco Histórico. Para ingresar a esa bellísima área de Colonia de Sacramento, lo ideal es hacerlo por de la Puerta de la Ciudadela, atravesando el puente de madera tendido sobre el antiguo foso. También conocida como la Puerta de Campo, y ubicada frente a la actual Plaza de 1811, fue inaugurada por el gobernador portugués Antonio Pedro de Vasconcellos en 1745, quien fue uno de los impulsores de la construcción de la urbe.

De ahí en más, el itinerario puede variar hacia una u otra zona del antiguo distrito, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1995. Como sea, siempre podrá recorrerse enteramente, ya que sus dimensiones son pequeñas y, más tarde o más temprano, indefectiblemente uno pasará por todos los sitios de interés.

Así que apenas se cruza la mencionada entrada –en la que también se pueden apreciar los pilares de piedra, dos cañones y los viejos muros, además de una barranca que concluye en el río–, el paisaje cambia absolutamente respecto al resto de la localidad y se convierte en una bellísima reliquia colonial.

Ya del otro lado abundan las callecitas de piedras y las primeras edificaciones antiguas con sus inconfundibles faroles, que por las noches le dan un aire tan especial. Algunas de ellas funcionan como restaurantes, otras como museos o centros de arte; otras simplemente son viviendas. Mientras se inicia el recorrido aparecen, en algunos rincones, unos simpáticos gatitos que entran y salen por debajo de los viejos paredones. A la vez, varios colibríes hacen equilibrio en las ramas de los árboles. Es la primera visión, y ya dan ganas de “quedarse a vivir”.

CALLECITAS DE ENSUEÑO.

Colonia del Sacramento, capital del departamento de Colonia, está ubicada en el suroeste de Uruguay, puntualmente en la ribera norte izquierda del Río de la Plata, sobre el cabo que forman las puntas de San Pedro y Santa Rita. Esto significa “frente a Buenos Aires”, “a un paso”, “cruzando el charco”. Y así es; en apenas dos horas es posible cambiar el ruido y el frenetismo porteño por la calma y la tranquilidad de esta ex colonia portuguesa, cuyos inicios se remontan a 1680, cuando comenzó a ser diseñada bajo el nombre de Nova Colônia do Santíssimo Sacramento.

Se trata de un destino ideal para pasar un fin de semana, ya que con dos días alcanza para recorrer los principales sitios de interés, disfrutar de sus horizontes al atardecer, probar su variada oferta de gastronomía gourmet, y distenderse por 48 horas.

Para ello, entonces, solo hay que decidirse por algunas de las variantes de transporte fluvial y en menos de lo pensado encontrarse caminando por sus tranquilas callecitas de ensueño.

Los distintos revoques de algunos de los frentes, descascarados y de variados colores pastel, forman inesperados collages que parecen pinturas realizadas por expertos. El itinerario puede comenzar por cualquier lado, pero la Calle de los Suspiros es como un imán. A pocos metros de la gran Puerta, muy cerca de la Plaza Mayor 25 de Mayo, este pequeño y angosto pasaje peatonal de desnivelado empedrado enamora a primera vista. Y quizá ese enamoramiento instantáneo, que provoca un leve suspiro cuando se la ve por primera vez, sea el motivo lógico de su nombre, y no las tantas leyendas que hablan de condenados a muerte, prostitutas que suspiran ante los piropos de los marineros o trágicos desenlaces románticos.

A lo largo de la callecita hay típicas casas del siglo 18, con techo de madera cubierto de tejas, paredes de adobe y variados colores. Su atmósfera tan especial es la adecuada para las primeras contemplaciones, que más tarde continuarán de cara al río en otras áreas del casco.

En la Calle de los Suspiros funciona un tentador restaurante de “artesanías gastronómicas”, como reza el cartel, y en cuya entrada unos increíbles pastelitos invitan a una cena inolvidable en un patio de ensueño. También se puede visitar la galería de arte De los Suspiros, instalada en una magnífica casa original de 1720.

Saliendo de la Calle de los Suspiros, hacia uno u otro lado –hacia el río por una arteria perpendicular, o hacia la Plaza 25 de Mayo– la belleza continúa: es un deleite para la vista tantas santa ritas en los frentes de las casas, con sus florcitas naranjas y rojas contrastando con el color de león del Río de la Plata. También hay macetas afuera de las casas, algunas colgando de los faroles, y ventanas con rejas, puertas de madera, y más y más flores.

Desde la plaza se observan el hermoso pasaje Johanna Galväo, la Casa de Juan Antonio Lavalleja, jefe de los famosos 33 Orientales; el Museo de la Casa de Nacarello, uno de los mejores ejemplos para contemplar la vida de los lusitanos en Colonia durante los siglos XVII y XVIII; y el Museo Municipal, que funciona en la añeja casa de dos plantas del almirante Guillermo Brown. Junto a esta se ubica, en la esquina, la Casa de los Virreyes, y enfrente el Archivo Histórico Regional, instalado en una casona original de 1750.

ICONOS, PLAYAS Y ATARDECERES.

Dos visitas impostergables en Colonia son el Faro y la Basílica, que pueden realizarse mientras se continúa el itinerario entre las principales callecitas del Casco Histórico.

Las obras para construir el faro comenzaron en 1855, sobre las ruinas del convento San Francisco Xavier. Encendió su luz por primera vez el 24 de enero de 1857. Durante el día, los visitantes pueden subir por las largas escaleras y disfrutar de las vistas panorámicas de la ciudad, sus alrededores y el río.

En cuanto a la basílica del Santísimo Sacramento, ubicada hacia un lateral de la Plaza de Armas, es considerada la iglesia más antigua de Uruguay. Si bien fue reconstruida en numerosas oportunidades, sus orígenes se remontan al mismo año de la fundación de la ciudad, 1680, cuando apenas era un modesto rancho de paja y adobe. En 1699 fue erigida con piedra y cal. A partir de allí pasó por distintas etapas hasta ser restaurada totalmente entre 1808 y 1810. Desde entonces se destaca por sus anchos muros, altares, hermosas tallas y un retablo del siglo XVI. Conserva la concepción original de una sola nave flanqueada por capillas laterales con muros portugueses de mampostería de piedra y ladrillo y cubierta con bóveda de cañón.

Saliendo del casco antiguo, y si el fin de semana elegido para visitar Colonia es bendecido por el sol, sin duda habrá tiempo para un buen rato de playa. Hay una serie de balnearios a lo largo de la extensa costa del Río de la Plata, tanto íntimos y tranquilos como otros muy concurridos, siempre rodeados de abundante verde.

Hacia el este se destacan las playas de Fomento, Los Pinos, Britópolis y Blancarena. Próximos a la ciudad, por la Ruta 1, hay algunos espacios costeros urbanos y agrestes y, a partir de allí, comienzan las arenas suaves de las playas de Artilleros, Santa Ana, El Ensueño, El Calabrés y Ferrando. El litoral costero continúa con las barrancas de San Pedro, llegando a Conchillas; luego, el balneario Zagarzazú, Playa Seré y Brisas del Uruguay son algunas de las opciones que ofrecen Carmelo y Nueva Palmira.

Además, Colonia cuenta con puertos deportivos y atracaderos de yates en diversos puntos de su costa: Nueva Palmira, Carmelo, Conchillas, Riachuelo, Juan Lacaze y Boca del Rosario.

En ese contexto, el muelle ¬–y también el paseo costero– son ideales para el mate y, por supuesto, la contemplación del atardecer, uno de los atractivos especiales de Colonia, con los veleros suspendidos en el agua mientras el cielo se cubre de naranjas, púrpuras y celestes de ensueño. Un rato después, ya de noche, el casco histórico se ilumina románticamente con las pequeñas velas de las mesas de los restaurantes y los faroles de las casas. Un sueño.

ECOS DE LA HISTORIA.

Después de la mencionada zona de playas, a unos 4 km. del Casco Histórico, se encuentra la antigua Plaza de Toros, el Real de San Carlos. Construida en estilo moro, con hermosas arcadas de herradura en forma de circunferencia, comenzó a funcionar el 9 de enero de 1910, congregando a 10 mil personas en la corrida inaugural, que tuvo como atractivo a toreros traídos especialmente de España para la ocasión. En total se concretaron ocho corridas, hasta que en 1912 un decreto del gobierno las prohibió definitivamente. Hoy, la Plaza está abandonada y en ruinas, y lamentablemente no está permitido el acceso al público debido a que está en peligro de derrumbe. De todas maneras, desde afuera puede apreciarse su imponente estructura y la belleza de una construcción de típico estilo sevillano.

Volviendo al Casco Histórico, quizás quede tiempo para visitar alguno de los ocho interesantes museos que funcionan entre las callejuelas de Colonia.

Uno de ellos es el Museo del Período Histórico Portugués, que atesora un viejo escudo, muebles, armas, reproducciones de objetos de época y mapas cartográficos. El Museo Casa Nacarello es también una vieja casa portuguesa que conserva en perfecto estado sus paredes de piedra y el piso, tal como se construían las viviendas a principios del siglo XVII. El Museo Municipal Dr. Bautista Rebuffo fue el antiguo hogar del almirante Brown. Es una construcción original de 1795, reconstruida por los españoles en 1835, que alberga el primer museo que se estableció en la ciudad, donde se pueden apreciar objetos de los diferentes periodos de la colonia.

En tanto, el Museo y Archivo Histórico Regional conserva el archivo fundacional completo de la ciudad y de la región de Colonia, con documentos que manejaron Portugal, España, Inglaterra, Francia y luego Brasil, Argentina y Uruguay sobre este lugar. El Museo Indígena Roberto Banchero brinda la posibilidad de contemplar las huellas que dejaron en toda la región las culturas indígenas antes de la llegada de los conquistadores europeos. Se destacan las boleadoras, puntas de flecha, morteros y algunas cerámicas moldeadas por los pueblos originarios de esta zona. Para conocer las costumbres de las primeras familias españolas, que llegaron en 1777, hay que acercarse al Museo del Período Histórico Español, que se ubica en una vieja casona portuguesa del siglo XVII. Finalmente, un establecimiento muy especial: el Museo del Azulejo. Ubicada sobre el Paseo de San Gabriel, esta pequeña casa de piedra y techos bajos atesora una gran variedad de piezas que dan muestra del proceso de inmigración de Colonia. Inaugurado en 1988, explica el origen de los azulejos blanquiazulados que indican los lugares y calles de la localidad.

Así aguarda Colonia a sus visitantes: con múltiples propuestas de paseos y fina gastronomía, pero especialmente con su especial atmósfera de belleza y tranquilidad a orillas del río.

VARIADA OFERTA PARA COMPRAS.

Aunque se trate de una estadía breve, siempre hay tiempo para adquirir recuerdos o souvenirs. Algunos de ellos pueden comprarse mientras se efectúa el recorrido por el Casco Histórico, en donde abundan locales de tejidos, bolsos, accesorios de cuero, dulces, quesos, miel, adornos, instrumentos musicales y objetos de decoración, además de remeras y chombas con motivos de los paisajes de la ciudad. También hay una bombonería que prepara todos sus productos con chocolate belga.

Asimismo, el visitante puede optar por el Colonia Shopping, un moderno complejo situado fuera del radio antiguo en el que funcionan tiendas de vestimenta, zapatería, librería, joyería, perfumería y casas de electrodomésticos y decoración.

TIPS PARA EL VIAJERO

Cómo llegar: las empresas Buquebus, Ferrylineas y Colonia Express ofrecen servicios –algunos de ellos rápidos– con numerosas frecuencias diarias. Desde Montevideo, en bus, se llega en dos horas.

Dónde alojarse: existe una amplia variedad de hoteles, resorts, hosterías, cabañas, hostels y posadas para todos los presupuestos. También es posible alojarse en chacras o estancias de los alrededores y en el Cámping Municipal de Colonia.

Dónde ir: la Asociación de Guías Profesionales de Turismo del departamento de Colonia realiza paseos regulares, todos los días, caminando por el barrio histórico, con una duración aproximada de una hora. El recorrido comienza en el Centro de Informes del barrio histórico, junto a la muralla. El circuito incluye el Portón de Campo, la Calle de los Suspiros, el Museo Portugués, las Ruinas del Convento de San Francisco y el Faro, el Museo Municipal, la Casa Nacarello, el Archivo Regional, el Museo del Azulejo, el Museo Español, el Bastión del Carmen y la Iglesia Matriz.

Informes: www.colonia.ws.

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