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Barranquilla: mucho más que carnaval

Barranquilla es más que un carnaval, así como Liverpool es más que los Beatles. Las dos ciudades, separadas por un océano, tienen mucho en común: una afinidad por el mar, un río y un puerto, una afinidad que durante siglos ha reunido a la gente.

Barranquilla es más que un carnaval, así como Liverpool es más que los Beatles. Las dos ciudades, separadas por un océano, tienen mucho en común: una afinidad por el mar, un río y un puerto, una afinidad que durante siglos ha reunido a la gente.
Localizada en el sitio donde el Río Magdalena desemboca en el Mar Caribe, esta ciudad colombiana está en auge. Desde los rascacielos que se alzan sobre sabanas tropicales hasta los centros comerciales repletos de tiendas sofisticadas, Barranquilla se trata tanto de negocios como de boutiques.
Luego de un corto viaje por tierra desde el centro de la ciudad, el visitante puede caminar por el viejo muelle de Puerto Colombia, donde durante la última década del siglo XIX miles de inmigrantes provenientes de Europa y el Medio Oriente desembarcaron en busca de oportunidades. La estación de tren, construida en ladrillo rojo, y que alguna vez fue administrada por la compañía Barranquilla Railway and Pier Company (fundada en Londres en 1887) es el equivalente de Ellis Island en Nueva York.

Gastronomía con pasión costeña
No es de sorprenderse que Barranquilla sea hoy día un crisol de culturas donde el turista podrá encontrar platos de todas partes del mundo cocinados con la misma autenticidad con que se cocinan las cazuelas de mariscos y el arroz con coco. En ningún sitio es más evidente esta fusión de estilos que en el restaurante y galería Maília. Administrado por María Emilia Hazbún, Maília ofrece platos como el Arroz Saigón con langostinos a la parrilla glaseados en salsa de soya y acompañados de plátanos hartones crujientes.
Maília es solo uno de muchos restaurantes que han llegado al escenario gastronómico de Barranquilla recientemente, convirtiéndola en un destino atractivo para viajeros que buscan una experiencia culinaria fina, mientras disfrutan de los sitios históricos de la ciudad.
Durante la mayor parte del siglo pasado, esta ciudad puerto fue el hogar de muchos artistas colombianos importantes, como el Nobel Gabriel García Márquez. Alejandro Obregón iluminó el escenario de las artes con su pintura. El fotógrafo Nereo y el primitivista Noé León también fueron miembros regulares del movimiento llamado "Grupo de Barranquilla", que ganó un estatus legendario no sólo por ser de vanguardia, sino también por la noches bohemias que transcurrieron en La Cueva. Los artistas siguieron adelante, pero La Cueva continuó, y ahora cautiva la imaginación de sus huéspedes con la comida que ofrece.
Localizada en un edificio modesto cerca al barrio Antiguo Prado, y con un comedor bien iluminado y una decoración sobresaliente, ir a La Cueva es una actividad obligatoria en Barranquilla. El menú ofrece algunos de los mejores platos tradicionales de la región, tales como patas de cangrejo al vapor, filetes de perca y pargo rojo. Todo esto se acompaña con una extensa lista de vinos y una refrescante cerveza Águila de barril mientras los ojos recorren las pinturas de Juan Antonio Roda y un mural impresionante de Noé León, el "Henri Rousseau colombiano".

El Carnaval y una ciudad hospitalaria
Barranquilla ha sido la inspiración de escritores grandes y es una ciudad conocida por muchos nombres. Los residentes la llaman "La Arenosa", por las orillas del río cubiertas de arena. Los inmigrantes que desembarcaron allí, la abrazaron llamándola "Puerta de Oro". Sin embargo, es el Carnaval de Barranquilla, uno de los más antiguos de América Latina y proclamado por UNESCO como Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad, lo que convierte a Barranquilla en la ciudad de "La Curramba" y la rumba nocturna, o parranda.
A pesar de que el carnaval tiene lugar en los días que anteceden la Cuaresma, el espíritu festivo de los barranquilleros está presente todo el año. Simplemente asómese a uno de muchos restaurantes y bares de moda a lo largo de la Carrera 53, Naia, por ejemplo, a disfrutar un almuerzo calmado. Pronto se encontrará conversando con nuevas amistades mientras disfruta de fríos martinis de lychee y un plato de calamares fritos. La hospitalidad es una de las características más cariñosas de la ciudad.

Boutique Barranquilla
Quienes prefieren medir la altura del dobladillo más que el ancho de la cintura, Barranquilla también es para compradores un sueño vuelto realidad. Centros comerciales modernos, como Buenavista y Country Plaza, invitan con sus tiendas espaciosas, mientras que las boutiques exclusivas de diseñadoras destacadas funcionan en casas de estilo republicano exquisitamente renovadas y en centros comerciales abiertos más pequeños como Las Palmas. Para Francesca Miranda, una importante diseñadora de modas, Barranquilla y estilo son sinónimos. "Aquí la gente quiere verse bella", dice.
Sin embargo, la belleza en Barranquilla no se queda a flor de piel. Puede verse en sus edificios y en su bella arquitectura. Uno de los edificios más imponentes es la Catedral Metropolitana, con su enorme escultura por Arenas Betancourt. A una corta distancia a pie de la Catedral queda otro importante hito, la Casa del Carnaval, donde músicos y bailarines ensayan sus repertorios meses antes de que comiencen las celebraciones. Para una noche de cultura y música está el Teatro Amira de la Rosa, con su imponente fachada. Para apreciar el más fino estilo republicano están el viejo edificio de la Aduana, la Plaza de la Aduana, y el Hotel El Prado surcado de palmeras.
Barranquilla se disfruta mejor al aire libre y su proximidad a la costa ofrece al visitante no sólo vistas asombrosas del Caribe desde miradores como el Fuerte Salgar, sino playas para nadar y hacer surf. Para el ávido golfista varios clubes con vistas sorprendentes al mar y canchas retadoras están abiertos para huéspedes; entre ellos están el Club Lagos de Caujaral y el Country Club.
El paso del tiempo ha sido amable con Barranquilla. A pesar de su impulso hacia la modernidad, la ciudad mantiene un aire de elegancia y la gloria de días pasados. A medida que uno camina por entre los árboles de tamarindo florecidos y las casas Art Deco de sus vecindarios, la historia siempre está presente. Y también el majestuoso Río Magdalena. Disfrute de una puesta de sol en Las Flores o en el Club de Pesca, con gaviotas revoloteando arriba en el cielo y se transportará a un lugar donde los sueños se hacen realidad y cada día es una celebración. Ésta es la magia de Barranquilla. Una ciudad donde el río se encuentra con el mar.

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