Inicio

Argentina sobre rieles

Nacidos para tal fin o reciclados de un pasado como medio de transporte de carga y pasajeros, cuatro trenes turísticos de Argentina proponen un recorrido singular por las regiones del país. El Tren a las Nubes (Salta), La Trochita (Chubut), el Tren del Fin del Mundo (Ushuaia) y el Tren Ecológico de la Selva (Iguazú) permiten disfrutar de un viaje donde la historia y la naturaleza son protagonistas.

Considerado uno de los recorridos ferroturísticos más altos del mundo, el Tren a las Nubes, que alcanza los 4.200 msnm, es uno de los grandes atractivos de Salta y de todo el noroeste argentino.
En sus 434 km. de recorrido, 29 puentes, 21 túneles, 13 viaductos y dos zigzags únicos, el tren –que parte en la estación General Belgrano, en la ciudad de Salta, a 1.187 msnm– atraviesa el valle de Lerma y la quebrada del Toro para llegar hasta la Puna, donde alcanza su cumbre máxima en el tramo final del viaducto La Polvorilla, un puente detenido 70 m. por encima del lecho de un río.
El origen del tendido por el cual hoy circula el Tren a las Nubes se remonta a 1921, cuando el entonces presidente de la Nación, Hipólito Yrigoyen, autorizó la construcción de un convoy para intensificar el comercio con el norte de Chile.
En 1971, las autoridades del Ferrocarril General Belgrano resuelven hacer correr un tren experimental con funcionarios y periodistas; y el 16 de julio de 1972 se realiza el primer viaje oficial turístico.
El Tren a las Nubes, que puede transportar hasta 468 pasajeros, completa un recorrido de 16 horas. El servicio cuenta con calefacción, salón comedor, muestra de espectáculos folclóricos, asistencia médica y guías bilingües.
En las estaciones, los habitantes de cada pueblo lindero a las vías ofrecen sus productos artesanales en puestos pintorescos, donde se pueden adquirir tejidos, gastronomía típica y recuerdos del paisaje y la cultura salteña, que se manifiestan en los colores naturales de la Puna y los sonidos de la música local.

EL TREN DE LOS PRESOS.

Conocido popularmente como “El tren de los presos” por su origen vinculado al famoso penal de Tierra del Fuego, el Ferrocarril Austral Fuegüino transita uno de los pocos bosques subantárticos que existen, y es, sin dudas, el tren más austral del mundo.

El tendido por el cual circula comenzó a construirse en 1909, siendo esa una de las tareas asignadas a los presidarios de la que fue una de las cárceles míticas del sistema penitenciario nacional.
El más tarde rebautizado “Tren del Fin del Mundo” funciona a diario con capacidad para 208 pasajeros y ofrece servicios gastronómicos, guías bilingües y acceso a las personas con capacidades reducidas.
El entorno del recorrido de esta experiencia formidable, que parte desde Ushuaia y se abre camino hacia el Parque Nacional Tierra del Fuego atravesando costas, bosques y montañas, muta a medida que transcurren los meses, variando del blanco omnisciente de las nieves de invierno hasta el dorado del otoño, pasando por el azulino de los primeros deshielos de la primavera y el multicolor que ofrece la vegetación silvestre del verano fueguino.

Nacido de las entrañas del penal como un xilocarril, es decir una formación que circula sobre rieles de madera, en la actualidad, con una fisonomía típica de las primeras décadas del siglo XX, el Tren del Fin del Mundo se abre paso por la ladera oriental del monte Susana y el centro del valle del río Pipo, para adentrarse en el fascinante contexto del Parque Nacional Tierra del Fuego.

LA TROCHITA.

Si el Tren a las Nubes y el del Fin del Mundo son únicos por ser el más alto y el más austral, respectivamente; el Viejo Expreso Patagónico puede ostentar el título de ser el ferrocarril con la trocha más angosta que existe (75 cm.). De ahí su denominación popular: “La Trochita”.

Este tren esencialmente patagónico frece un recorrido fascinante entre valles y mesetas de las comarcas de Los Alerces y Andina del Paralelo 42, uniendo Esquel con el pueblo ferroviario de El Maitén.
El Viejo Expreso cuenta con tres locomotoras Baldwin (de origen estadounidense) y otras tres Henschell (provenientes de Alemania), cada una con capacidad para albergar 4.500 kg. de fuel oil y 10 mil litros de agua, líquido que se repone en cada estación de acuerdo a lo consumido.
Fue en 1922 que se decidió la realización de este ramal de 402 km. de extensión que sortea innumerables dificultades geográficas, como arroyos y ríos y ascensos y descensos por las laderas de los valles.
Al ya fascinante marco natural, el trazo de La Trochita aporta 626 curvas –algunas de ellas de hasta 180º para favorecer el frenado de las locomotoras en las grandes depresiones– y terraplenes; además de los puentes sobre el río Ñorquincó, Chubut y Chico, con una extensión de 105 m. sin apoyos intermedios; y el famoso túnel del cerro Mesa, con 108 m. de recorrido entre las entrañas de roca granítica de la montaña.
Verdadero museo sobre rieles, los vagones de carga y los de pasajeros, al igual que las locomotoras del Viejo Expreso Patagónico corren desde 1922, con la excepción del coche comedor y algunos pocos de los de primera clase que se construyeron en los años 60.

Entre sus particularidades se destaca la calefacción a leña de los coches, que se logra mediante salamandras de hierro alimentadas por los propios pasajeros.

VIAS A LA GARGANTA DEL DIABLO.

En el marco del exuberante Parque Nacional Iguazú, con las famosas cataratas como centro de gravedad del paisaje, el Tren Ecológico de la Selva es un producto innovador puesto al servicio de los visitantes para recorrer el área natural con un concepto ambiental de impacto cero.

El tren, adoptado tanto por niños como por adultos, posee una locomotora a gas y una capacidad máxima para 150 pasajeros, con espacios pensados para personas con accesibilidad limitada.
Ideado y construido exclusivamente para este parque, el diseño del medio de locomoción tiene en cuenta las características especiales del clima y la frondosa naturaleza que lo rodea. Por eso sus vagones son abiertos, para que el visitante tome contacto directo con el medio ambiente y viva la experiencia de un paseo en medio de la selva, percibiendo los aromas, las variaciones climáticas y los sonidos de la fauna autóctona.
Para disminuir su impacto ambiental y evitar el atropellamiento de animales, el tren viaja a menos de 20 km/h., y es propulsado a gas licuado de petróleo.
Desde la estación Central se accede a las formaciones que se dirigen a la estación Cataratas, donde comienzan y confluyen los senderos que comunican a los circuitos Inferior, Superior y el Sendero Verde del Área Cataratas del Parque Nacional Iguazú; y a la estación Garganta, desde donde se accede por un sendero sinuoso que finaliza en el espectáculo más fascinante de todo el parque: la Garganta del Diablo.

Temas Relacionados

Deja tu comentario