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Diez razones para visitar Montevideo

De cara al Río de la Plata, con muchos espacios verdes y escasos índices de contaminación, la capital uruguaya se erige como un destino turístico que sobresale por su calidad de vida. Una ciudad para descubrir.

Teatro Solís. La principal sala lírica de Montevideo, inaugurada el 25 de agosto de 1856 con una representación de la ópera "Ernani" de Verdi, experimentó en su historia varias reformas. La última y más importante tuvo lugar en 1998, cuando cerró sus puertas hasta agosto de 2004. Las mejoras incluyeron la construcción de un nuevo escenario, de 748 m2, un 80% más grande que el anterior, y su reequipamiento con los últimos adelantos en tecnología. Hogar de los elencos de la Comedia Nacional y de la Orquesta Sinfónica de Montevideo, dispone de visitas guiadas de martes a domingos, en distintos horarios e idiomas (español, inglés y portugués). Está ubicado en Reconquista y Bartolomé Mitre.

Feria de Tristán Narvaja. Un clásico de los domingos, que comienza a las 9 y se extiende hasta media tarde sobre la calle homónima y sus laterales, desde su intersección con la Av. 18 de Julio. Un sitio colorido, único, donde es posible encontrar de todo: antigüedades, discos y libros usados, mascotas, plantas, alimentos, ropa y más, mucho más. Según The New York Times, es "uno de los mercados callejeros más pintorescos que uno puede encontrar". Otra feria popular a tener en cuenta es la de la Plaza Matriz, en la Ciudad Vieja, frente al Cabildo y la Catedral, que funciona los sábados de 9 a 15.30.

Mercado del Puerto. En la Ciudad Vieja, bajo una estructura de hierro forjado que recuerda a las estaciones de ferrocarril europeas, un mercado de comestibles terminó cediendo su espacio a una plaza de comidas de atmósfera heterogéna, punto de encuentro de infinidad de visitantes, tanto nativos como extranjeros. Abundan las parrillas con mesas en las veredas y los sábados suelen ser muy efervescentes, con músicos, mimos, dibujantes y artesanos, entre otros personajes propios del lugar. La tradición indica brindar con un "medio y medio", un trago refrescante preparado con media copa de vino blanco y media de champaña.

Palacio Taranco. Sede del Museo de Artes Decorativas, este edifico fue proyectado por los arquitectos franceses Charles Louis Girault y Jules Leon Chifflot  (autores del Petit Palais y del Arco del Triunfo, en París, entre otras destacadas obras) como residencia familiar. En las dos plantas principales de esta casona, declarada Monumento Histórico en 1975, se exhiben pinturas, esculturas y porcelanas antiguas de artistas europeos. El subsuelo está dedicado a arqueología clásica y musulmana. En 25 de Mayo 376. Horario: martes a sábados de 12.15 a 18; domingos de 14 a 18. Visitas guiadas de martes a domingos a las 16.30.

Palacio Salvo. En rigor, no es un palacio sino un edificio creado por el arquitecto italiano Mario Palanti como un hotel de lujo que nunca llegó a funcionar como tal. Inaugurado en 1928 frente a la plaza Independencia, llama la atención por su mezcla de estilos, con reminiscencias góticas y algunos toques neoclásicos. Tiene 350 unidades, entre apartamentos y oficinas, en un cuerpo central de 10 niveles y una torre lateral que sobresale 15 pisos más. Para su construcción se utilizaron mármoles y granitos nacionales y alemanes, así como roble floreado de Eslovenia en toda la carpintería. Del otro lado del Plata, en Buenos Aires, Palanti hizo un edificio similar, aunque más pequeño, el Palacio Barolo.

Gastronomía. Más allá de los restaurantes gourmets, presentes como en toda gran urbe, vale la pena saborear el plato favorito de los paladares locales, el "chivito", un singular sándwich de carne vacuna cortada en finas lonjas. Los aderezos incluyen lechuga, tomate, morrones asados, maíz, arvejas, berenjenas en escabeche, aros de cebolla frita, etc.. Aunque lo sirven en numerosos sitios, los de "La Pasiva" son de lo mejor (hay varios locales; dos sobre la céntrica Av. 18 de Julio, al 1000 y al 1300). El chivito canadiense lleva huevo frito y se lo suele acompañar con papas fritas. Para beber, nada mejor que una Pilsen o una Norteña bien frías, las cervezas nacionales.

Bares. Un verdadero tesoro urbano son sus añejos bares, un lazo entre el pasado y el presente, además de lugares agradables donde contar y escuchar historias. Entre la lista de imperdibles figuran el "Bacacay", frente al Teatro Solís, todo un ejemplo de reciclaje bien entendido y punto de referencia de la movida montevideana; el "Fun-Fun" (Ciudadela 1229), célebre por la creación de la "uvita", un trago dulzón que se sirve en pequeñas copas, cuya fórmula se mantiene en riguroso secreto; y -entre muchos otros- "Tabaré" (Zorilla de San Martín 152, esquina Tabaré), un boliche típico donde cantaron Carlos Gardel, Alfredo Zitarrosa y, mucho más cerca en el tiempo, Caetano Veloso y Café Tacuba.

Pocitos. Según cuenta la leyenda, su nombre remite a una costumbre del pasado, cuando las lavanderas debían excavar pocitos en la arena para obtener agua dulce. Hoy, es uno de los barrios más distinguidos de la capital uruguaya, caracterizado por el amplio arco que dibuja la rambla costanera, con su "pared" de modernos edificios de cara a la playa, al más puro estilo Copacabana. Pocitos alberga además al primer centro comercial de la urbe, el Montevideo Shopping Center, calificados restaurantes y mucho verde en sus numerosos parques y plazas.

Carnaval. En Montevideo, esta celebración no sigue los dictados del calendario sino sus orígenes, que se remotan al pasado colonial, a los tiempos de la esclavitud, cuando la población negra cantaba y bailaba al ritmo de los tamboriles. Un carnaval de mirada y oídos atentos, porque casi todo ocurre arriba de un tablado (escenarios montados en clubes de barrio o al aire libre) o en el Teatro de Verano, en el Parque Rodó. Imposible sustraerse a la emoción que desatan los coros fantásticos, los trajes coloridos de seda o de raso, los maquillajes fantasmales.

Compras. Los artículos más buscados por el visitante internacional son aquellos elaborados con cuero, las prendas de vestir de lana y otras fibras naturales, y las piedras semipreciosas, como amatistas y ágatas. Una opción para apoyar el comercio justo es acudir a cualquiera de las tiendas de Manos del Uruguay, una ONG que lleva 30 años ayudando a cerca de mil artesanos (mayoritariamente mujeres) esparcidos por todo el país, donde es posible encontrar finos elementos de indumentaria y decoración. El Mercado de los Artesanos, en plaza Cagancha, es otra alternativa a tener en cuenta.

Un poco de historia
San Felipe y Santiago de Montevideo (tal su nombre original) fue fundada por Bruno Mauricio de Zabala, gobernador y capitán general del Río de la Plata, tras obligar a los portugueses a abandonar el lugar. Sus primeros pobladores provinieron de Buenos Aires y de las Islas Canarias.
Para proteger a la ciudad de los invasores, durante 40 años se construyó una ciudadela de altos muros de piedra que tenían en cada esquina torres romboidales con piezas de artillería.
Actualmente, sólo es posible ver un pequeño fragmento de sus paredes cerca de uno de los extremos del Teatro Solís. Bajo tierra permanecen, sellados, algunos de los túneles que comunicaban a la ciudadela con las fortificaciones cercanas.
La arquitectura de la época colonial -que responde al estilo neoclásico español- todavía se conserva en algunas construcciones de la Ciudad Vieja.

Informes:
www.turismo.gub.uy

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