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Cámping + Glamour = “Glamping”

Con el correr del tiempo, el concepto de “cámping” fue variando. Sobre todo, a partir de los hábitos de consumo de aquellos viajeros de alta gama que, amantes de la naturaleza, no resignan ni un ápice de terreno a la pérdida de confort.

Hasta hace poco era válido pensar que el viajero amante de la naturaleza reunía unas pocas características: le gustaba la aventura, era un apasionado por el contacto con el entorno paisajístico, y su interés por el confort era casi nulo; se arreglaba con una buena carpa y una mochila de igual calidad, cenaba un pegajoso arroz cocinado sobre una precaria fogata, y por las noches le molestaba muy poco descansar dentro de una bolsa de dormir, sobre un suelo pedregoso algo más confortable que una cama de clavos. Los tiempos han cambiado, y las tipologías de viajeros también.
• -Amante de la naturaleza 1: “He viajado por los enclaves naturales más icónicos del mundo. Conocí desde los Pirineos hasta la Polinesia; desde el cañón del Colorado hasta el Amazonas. Pero todos los viajes los hice alojado en hoteles cuatro estrellas o superiores. Me resulta imposible resignar ciertos niveles de confort”.
• -Amante de la naturaleza 2: “Me encanta acampar y tomar contacto directo con el entorno natural que me rodea. Mis viajes siempre tienen que estar impregnados con un brochazo de aventura. Sólo que a esta altura de mi vida me empieza a agotar la falta de confort. Mi espalda no resiste más dormir sobre superficies duras; y también me empieza a molestar la ausencia de una buena ducha de agua caliente durante más de dos días”.
Para ambos casos, de un tiempo a esta parte se han puesto en marcha desarrollos que se encuadran dentro de un revolucionario concepto en materia turística: el “glamping”.
¿En qué consiste? Simplemente, es la variante más lujosa del cámping. La conjunción de las palabras “glamour” y “cámping” produjo como resultado este nuevo término, que sirve para identificar a una nueva modalidad de alojamiento turístico que hoy atrae a viajeros de espíritu bohemio y que privilegian el contacto con la naturaleza, pero sin desatender el confort.
Se trata de complejos que, por lo general, carecen de hormigón y ladrillos; pero son auténticas tiendas de campaña o carpas que en su interior albergan múltiples elementos de confort, que hacen mucho más agradable la estancia en un medio inhóspito.
Hoy el concepto -y sus múltiples ejemplos- se ha expandido por el mundo, y también ha comenzado a echar sus primeras raíces por estas latitudes.

POR ARGENTINA
Comenzando por nuestro país, en el Parque Nacional Los Glaciares despunta la propuesta de Adventure Domes. El objetivo del emprendimiento: vivir la experiencia de estar rodeado de naturaleza virgen, y disfrutarla con un mínimo de impacto ambiental.
Adventure Domes cuenta con una serie de domos o carpas situadas frente al glaciar Perito Moreno, en la península Las Colonias. Se trata de estructuras reticuladas (en forma de triángulos) de acero cubiertas de PVC de primera calidad. De 4 m. de diámetro cada uno, los domos-dormitorio están equipados con pisos de madera suspendidos, y dos camas de una plaza con colchones de primera calidad con resortes, forrados en tela matelaseada. La ropa de cama consiste en sábanas de algodón, tres frazadas de polar y un plumón.
En este caso, la propuesta de Adventure Domes no sólo pasa por ofrecer alojamiento en carpas de lujo, sino también por tomar contacto con el mundo de los glaciares. Todo esto y mucho más queda reflejado en el programa “El Calafate - 3 días/2 noches”, que también posibilita conocer el glaciar Perito Moreno, y la flora y fauna del lugar, además de navegar a fondo el brazo oeste del lago Argentino.
Pero hay más: los programas de Adventure Domes incluyen pensión completa. Por lo tanto, las comidas se desarrollan en tiendas especialmente acondicionadas para tales fines.
Las cenas, por ejemplo, consisten en sopa de verduras como entrada; cordero patagónico con verduras cocidas en aceite de oliva, papas de campo y variedad de ensaladas, como plato principal; y deliciosas tartas de frutas como postre.

GUATANA CAMP: ANTE TODO, LA RELACION CON LA NATURALEZA.
Desde el sur de Mendoza, en Malargüe, la empresa Nuestra Tierra - Turismo + Aventura arrima su alternativa: el Guatana Camp. En diálogo con este medio, Mariano Cernadas (socio del emprendimiento junto a su hermano Sergio) sacó su tarjeta de presentación: “Desde 1996 nos especializamos en programas de cabalgatas por la cordillera mendocina. El pivote sobre el cual trabajamos es el vínculo del ser humano con la naturaleza. Desde este lugar, y siguiendo la tendencia de pensar en programas que incorporen lujo y confort, empezamos a desarrollar el Guatana Camp. Pero -y quiero que esto quede bien claro- no nos movemos de nuestro eje, que es la vivencia en sí de la cabalgata y el pleno contacto del visitante con el entorno natural”.
Para Cernadas su propuesta marca una diferencia claramente palpable con el resto: “Que no es ni mejor, ni peor. Sólo que pone un fuerte acento en nuestra filosofía de hacer prevalecer la relación del hombre con la naturaleza. En este sentido el Guatana Camp está montado en el medio de la cordillera de los Andes, y sólo se llega hasta allí luego de montar seis horas a caballo desde un pequeño paraje llamado Las Loicas, situado a 105 km. de Malargüe. No se puede arribar con vehículos. Por lo tanto nuestros programas contemplan una absoluta inmersión en el paisaje”.
La alternativa estrella de Nuestra Tierra tiene seis días de duración, y las tarifas van desde US$ 1.050 por persona (carpa cuádruple) hasta US$ 1.625 (carpa single).
“El primer día el visitante arriba a Malargüe y se aloja en un hotel. Al final de la jornada habrá una charla explicativa del circuito con entrega de alforjas. Es el momento de hacer lo que nosotros llamamos `aduana´, es decir, evaluar qué es lo que vale la pena subir al Guatana Camp y qué es lo que habrá que dejar en el hotel. Al día siguiente partimos temprano hacia Las Loicas, donde nos estarán esperando los baqueanos con los caballos”, prosiguió Cernadas.
Montados en sus equinos, los visitantes comienzan su derrotero en ese preciso momento. En pocos minutos de subida, Las Loicas y todo otro rastro de civilización serán sólo un recuerdo, ya que se ingresa al mundo de los Andes a través de sus valles y quebradas.
En la primera hora de la tarde se desplegará ante el jinete un inmenso arenal, que los caballos atravesarán sin problemas, aunque hundiendo sus patas hasta la propia panza. Luego de sortear este pequeño obstáculo se llega al Guatana Camp, donde los jinetes son recibidos con un rico té. El intenso verde de las vegas contrasta con las arenas blancas, todo enmarcado por un anfiteatro rocoso.
En los días restantes la mixtura entre el confort y el diálogo con el entorno natural será permanente.
“El campamento está situado a 2.400 m. No bien se llega a él comienzan a evidenciarse los primeros rasgos de bienestar. Carpas con pisos de madera, vajillas, sillones, música, calefacción, agua caliente. A excepción de una estructura de material (la cabañita, que usamos de refugio, cocina y depósito), todo el resto se monta en noviembre y se desmonta en marzo”, indicó Cernadas.
En definitiva, el Guatana Camp cuenta con tres carpas dobles (matrimonial o doble twin) y dos cuádruples, una carpa con cuatro duchas con agua caliente, y dos carpas-baños con inodoro y bidet.
“Las que funcionan de habitación cuentan con sommier, sábanas y abrigos de primera calidad, agua y calefacción”, puntualizó Cernadas.
“Además hemos erigido una carpa que funciona de comedor y sala de estar, donde siempre, después de cada cabalgata, ofrecemos una rica merienda a base de tortas fritas, budines, galletitas, té, mate y otras infusiones.”
En el caso del Guatana Camp, la gastronomía también ocupa un lugar de protagonismo. “Nuestra idea es desplegar un paneo de comidas típicas. Entonces ofrecemos desde un guiso rico y reponedor de energías hasta un plato a base de chivito. También disponemos de un abanico de vinos mendocinos, ya que parte de la idea es que el visitante se lleve una noción acerca de las cepas que se producen en la provincia”.
Cada día del programa contempla un recorrido a caballo que dura entre seis y siete horas, y cada trayecto es una sorpresa de avasallante naturaleza. Que el hito Martínez; que un paso por pequeños glaciares cubiertos de arena volcánica; que cascadas; que el cajón del Pichi. Siempre sabiendo que de regreso nos espera un menú de primera línea, una cama mullida, un baño caliente.
“Poco a poco, cada uno va encontrando su ritmo. Por ejemplo, esta zona de Mendoza se caracteriza por presentar uno de los cielos más diáfanos. Entonces es común ver cómo alguno de los huéspedes toma una silla, la ubica de cara al paisaje, levanta la vista y observa un cielo que nunca antes se imaginó. Una danza de satélites y estrellas fugaces: es un regalo que está a nuestra disposición todas las noches. Por otro lado, también hay fogones nocturnos, una guitarra, un guía mendocino guitarrero que canta y cuenta historias. Cada uno maneja su tiempo a su gusto. Otros visitantes, por ejemplo, se quedan compartiendo alguna charla en el fogón, y este tipo de experiencias te permite también hacer un `viaje hacia adentro´ y parar la pelota”, nos contó Cernadas.
Las salidas de Nuestra Tierra son regulares, de sábado a jueves, y admiten un máximo de 14 pasajeros. “No obstante -aclaró Cernadas- ofrecemos a las agencias de viajes la posibilidad de armar un programa privado, de jueves a domingo. Por ejemplo, hace poco armamos una salida con un matrimonio que, después de varios años de casados, quisieron recrear una segunda luna de miel.”

CHILE TAMBIEN DICE PRESENTE.
Desde Chile, situado a orillas del lago Toro y frente al macizo del Paine, Patagonia Camp irrumpe con todo el lujo y el confort, sin perder de vista la caraterística de estar inmerso en un maravilloso bosque de lengas. Cuenta con 17 “yurts”, que son cómodas carpas independientes equipadas con baño y terraza privadas, camas dobles y calefacción, y decorado finamente con tejidos y muebles patagónicos fabricados por artesanos de la zona. En este caso la propuesta también se complementa con excursiones y una exquisita gastronomía. Para un programa de cuatro noches, la tarifa del yurt arranca desde US$ 1.900 por persona, en base doble.
También localizado en el país trasandino -en el valle del Elqui, región de Coquimbo-, Elqui Domos nació en febrero de 2005 con la intención de ofrecer a sus huéspedes la posibilidad de disfrutar los mágicos cielos del mencionado valle.
En este caso, Elqui Domos cuenta con siete domos geodésicos, que interiormente están divididos en dos niveles: en el primero hay una sala de estar y un baño, mientras que en el segundo se ubica la cama principal, con la posibilidad de desmontar el techo que se encuentra sobre ella.
Dentro de los servicios ofrecidos, el énfasis está en la contemplación de la riqueza de los cielos, por lo que es posible realizar charlas astronómicas con especialistas y cabalgatas nocturnas. Complementariamente se ofrecen masajes, reiki y clases de meditación.

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