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Trieste: un bello balcón al Adriático

De una admirable prolijidad, con una rica arquitectura de variados estilos y encantadores paisajes marítimos, la ciudad italiana representa una inmejorable opción para un recorrido no tradicional por Europa.

Ubicada en el noreste de Italia, de cara al mar Adriático y pegada a la frontera con Eslovenia, Trieste es un destino ideal para ser visitado por viajeros que ya conocen las grandes ciudades europeas pero a la vez siguen ávidos de distinción y belleza.

Para ellos, bastaría con alojarse en el señorial Grand Hotel Duchi d’Aosta y cruzarse a cualquier hora del día al antiguo Caffè degli Specchi, claros ejemplos de la señorial esencia de esta urbe y ambos ubicados en la magnífica Plaza de la Unidad. Esta inmensa área, situada de cara al mar, alberga también otros edificios históricos como la Casa Stratti y los palacios Comunal, Modello, del Gobierno, Pitteri y del Lloyd Triestino –la más antigua sociedad de navegación en Italia–, y representa el punto de partida ideal para iniciar el recorrido.

Con su pasado celta y romano, habiendo formado parte del Imperio Austrohúngaro y a partir de varias influencias culturales y religiosas, Trieste es un importante puerto al que arriban cruceros de las más importantes compañías. Con desniveles en sus calles, y una muy rica y variada arquitectura –que incluye edificios de estilo neoclásico, art nouveau, barroco y ecléctico–, invita a largas caminatas y regala preciosos paisajes urbanos y marítimos.

ECOS DE LA ANTIGUA ROMA.

La zona de San Giusto, que es la más antigua de la ciudad y está a pocos pasos de la Plaza de la Unidad, es el área propicia para empezar a familiarizarse con Trieste. Se caracteriza por sus estrechas y ondulantes callejuelas, a las que se llega a través de escaleras. Fundada en el siglo V, y renovada en el XIV, la basílica de San Giusto domina el paisaje en lo alto con su sobria fachada, un hermoso rosetón y su campanario adornado con columnas romanas.

A pocos metros, bajando, se encuentra el antiguo anfiteatro romano. Fue construido en el siglo I, pero descubierto en el siglo XIX a través de unas excavaciones. Los restos están a la vista y se los puede apreciar durante el paseo por este sector.

A unos pasos de estas interesantes ruinas, en la Piazza del Barbacan, el visitante podrá conocer el Arco de Ricardo, una puerta erigida en la época del emperador Augusto para entrar a la ciudad vieja.

Descendiendo de San Giusto, en dirección a la estación de trenes, se arriba al hermoso Canal Grande, construido en el siglo XVIII para que las naves ingresaran hasta el centro de la ciudad a dejar sus cargas. Actualmente está enterrado en su tramo final y sólo llega hasta la iglesia de San Antonio. Esta zona se caracteriza por sus restaurantes, bares y cafés. Además, sobresale la llamativa Iglesia Ortodoxa y, en uno de los puentes que une ambas márgenes, la estatua del escritor James Joyce, que vivió en la urbe entre 1905 y 1918.

CAFES; PALACIOS Y MUSEOS.

El paseo por Trieste obliga a visitar sus históricos cafés. Inspirados en los de Viena y Venecia, son rotundos ejemplos de la sobriedad y el buen gusto. Los más conocidos son el San Marcos, Tomaseo, Estrella Polar, Torinese, Tergesteo y el mencionado Caffè degli Specchi (Café de los Espejos). Este último, fundado en 1839 y ubicado en plena Piazza de la Unitá –con una deslumbrante terraza de mesas exteriores¬– tiene un maravilloso interior que atesora una impecable barra de madera, inmaculadas paredes blancas, múltiples apliques de bronce y sillas de pana roja. Ineludible.

La misma atmósfera de distinción caracteriza al Hotel Savoia Excelsior Palace, ubicado sobre la Riva del Mandracchio, frente al mar. Se trata de un establecimiento digno de visitar, con una impresionante fachada blanca, arquitectura del siglo XIX, vestíbulo decorado con espejos, mármol italiano y finas columnas; e interiores dignos de una película.

Continuando el azaroso itinerario –se puede ir y volver con facilidad entre las principales zonas–, vale la pena concurrir a la Plaza de la Borsa, zona en la que abundan tiendas y bancos, y donde se encuentra el hermoso Palacio de la Borsa; y también a la Plaza Goldoni, alrededor de la cual hay otros magníficos edificios.

Por el lado cultural, Trieste ofrece una amplia variedad de museos, entre los que vale mencionar el Revoltella - Galería de Arte Moderno, el Museo de Historia y Arte, dedicado a la arqueología local y con colecciones de Egipto, Grecia y la cultura maya; el Orto Lapidario, que conserva piedras y monumentos de la época romana; el Museo de Historia Natural, donde también funcionan el Museo Sveviano y el Joyce Museum, además de la Biblioteca Cívica, con más de 420 mil volúmenes de la historia de la ciudad; y el Museo de Arte Oriental, con obras de Japón y China.

RECORRIDOS EN TRANVIAS Y EXCURSIONES.

Si en vez de caminar el visitante desea obtener un primer pantallazo de la ciudad a través de otro medio, lo ideal es tomar el pintoresco tranvía, que conecta la zona céntrica con el distrito denominado Opicina. Es el único tranvía integrado con funicular de Europa, ya que al iniciar un tramo en subida –desde Piazza Scorcola hasta Vetta Scorcola– se conecta a una máquina que le permite ascender hacia la parte alta de la localidad, y posteriormente continuar normalmente su trayecto. En total recorre 5 km., haciendo 11 paradas.

Saliendo del plano urbano, 8 km. hacia el norte del centro, se encuentra el Castillo de Miramare. Se trata de un suntuoso edificio, construido en lo alto, con vista al Adriático, que cuenta con torres almenadas, deslumbrantes jardines, y espacios con delicado mobiliario, estatuas, cuadros y tapices. Fue construido en el siglo XIX a pedido del archiduque Maximiliano de Habsburgo para compartirlo con su esposa, la princesa Carlota de Bélgica. Ambos abandonaron la residencia en 1864, cuando él fue coronado emperador de México. Tres años después fue fusilado por las fuerzas republicanas de Benito Juárez. Tenía 35 años. Esta historia, junto a su belleza edilicia, es lo que cautiva a los turistas.

Asimismo, es interesante conocer la Gruta Gigante, que es la cavidad turística más grande del mundo. Se encuentra a 15 km. de la ciudad y fue descubierta en 1840 durante una excavación para descubrir el curso subterráneo del río Timavo. En 1957 se instaló la iluminación eléctrica que permitió el ingreso de los turistas. Se trata de una amplia y única caverna –de 107 m. de alta, 280 m. de larga y 65 m. de ancha– en la cual confluyen muchas galerías. Debido a sus dimensiones, ha sido incluida en el Libro Guinness de los récords en 1995. Se distingue por la riqueza de estalactitas y estalagmitas, y por la concentración de calcitas en las paredes.

Sofisticada y pintoresca a la vez, Trieste merece ser visitada. Belleza obliga.

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