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Salta y Jujuy celebran el Día de la Pachamama

Durante agosto, Salta y Jujuy son escenarios de celebraciones en homenaje a la "Madre Tierra", todas ellas plenas de rituales, danzas y brindis.
El primero de agosto se celebra en el norte argentino el Día de la Pachamama, un sentido homenaje de la gente de la región a la por ellos denominada "Madre Tierra". Es así como Salta y Jujuy se visten de fiesta, con el único objetivo de llevar a cabo celebraciones que acrecientan los lazos ancestrales con los pueblos indígenas.
La elección de ese día para la celebración tiene un justificativo: es el momento en que los rastrojos se encuentran en barbecho, es decir, va terminando el descanso del invierno y deben comenzar a prepararse para recibir las futuras plantaciones. El ritual de la Pachamama está estrechamente relacionado, en los ciclos de la agricultura, con la preparación de la siembra.
Por otra parte, esta relación con lo agrícola también está ligada al Carnaval, que tiene lugar seis meses después de la Pacha, a fines de febrero o comienzos de marzo, es decir, agradeciendo la cosecha y los frutos conseguidos.
Ese día, el ritual se repite en todos los pueblitos del noroeste: se cava un agujero en el sector del campo que se quiere honrar. Luego se prepara la ofrenda que allí se ha de dejar, y que puede consistir en hojas de coca, granos de maíz, yerba, alcohol o vino, fruta seca, alimentos de todo tipo y hasta cigarrillos que se prenden y se dejan consumir como si estuvieran plantados. También se ofrece papel picado y serpentinas. Una vez que se hecha todo en el hoyo comienzan las celebraciones, donde los brindis y el baile son obligatorios.
A veces, principalmente en la quebrada de Humahuaca y los pueblos de la puna, se prepara además una sopa conocida como tijtincha, de maíz seco guardado de la cosecha anterior, aderezada con charqui de llama o cordero -carne salada y secada al sol- y otros aditamentos. Todo para que la Madre Tierra reciba su cuota de comida y predisponga el seno para el desarrollo de la semilla.
Pero no sólo se da de comer a la tierra que da el alimento. En cada casa también son preparados una multiplicidad de sahumerios, que combinan sustancias y hojas aromáticas: azúcar, café, sémola, hojas de coca, menta, laurel, canela e incienso, junto con fibras de lana de cordero o de llama, pelusas del piso y otros elementos que el dueño de casa elige a voluntad y que tienen que ver con su cotidianidad.
Luego, esta mezcla se deposita en el fuego o en piedras candentes, y cuando empieza a levantarse la humareda con ella se sahúman todas las habitaciones de la vivienda. También los habitantes, uno por uno, reciben el humo renovador.
Según la costumbre, este ritual sirve para alejar los malos espíritus, espantar las penas y los estados negativos, y convocar energías positivas que protejan y resguarden a la vivienda durante el año venidero.
Este tipo de ceremonias se realizan durante todo agosto. No obstante, el 1°, por ser la fecha de inicio de los rituales, es el día preferido para estas prácticas que, según se estima, cumplen más de la mitad de las familias de la región.

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