Faltan 20 minutos para embarcar. Reviso el celular. Es 12 de marzo. Me lanzó sobre los diarios digitales para saber si encontraron el avión malayo o si hallo en Twitter un argumento serio para optar por un bando en la flamante disputa por Crimea.
Patagonia unplugged y en vivo
Con algo de demora y automáticamente subo al avión… sin novedades en el Índico ni desde Ucrania. Preocupado, apago el teléfono apenas me lo indica la azafata. Fue la última señal que me trasmitiría mi narcotizante celular. Durante los cuatro días siguientes la naturaleza se impondría con toda su soberbia y sería la única conexión posible, sin cables, USB ni wi-fi.
DEFINIENDO LA HUELLA.
La fría definición de base del proyecto de Huella Andina señala que es el primer sendero de largo recorrido del país. Si de números se trata, podría agregarse que consta de 570 km. de caminos que cruzan la Patagonia norte cordillerana a través de 42 etapas y tres provincias (Neuquén, Río Negro y Chubut).
LACAR SOBERANO.
Primero, aclarar que los 570 km. en cuestión son engañosos. No es la idea embarcarse en semejante aventura. Huella Andina está pensada para caminantes con poca experiencia que quieran diseñarse su propio recorrido, que puede incluso ser de una sola etapa con noche de acampada y no más de 4 hs. de trekking. Es decir, puede ser una actividad complementaria a una escapada tradicional de 4 o 7 días a Bariloche, San Martín de los Andes, El Bolsón o Esquel (por citar sólo algunos de los destinos que funcionan de cabeceras) y no el viaje en sí.
En nuestra crónica el recorrido en cuestión partió desde San Martín de los Andes y cubrió sólo tres etapas que bordean al todopoderso lago Lácar (de las que cuentan con mejor infraestructura). Pero, insistimos, el viajero puede elegir el tramo y las etapas que desee. Para ello está disponible una muy práctica guía en papel o en formato digital (se puede descargar en www.huellaandina.tur.ar).
CAMINAR, CAMINAR.
En este recorrido en particular, luego de descender en el aeropuerto de Chapelco, nos dirigimos a registrarnos a la intendencia del Parque Nacional Lanín en pleno centro de San Martín de los Andes. La nueva sede es un paseo en sí mismo.
Desde allí se puede cruzar por vía lacustre o terrestre (ruta 40) a Quila Quina. En este sitio se puede contratar un guía local o una cabalgata para llegar al siguiente punto del recorrido o bien pernoctar en el cámping. La caminata hasta Puesto Casanova toma tres horas y media y es de baja dificultad.
Una vez en el mencionado Puesto se puede hacer un descanso y pasar la noche. Allí se encuentra uno de los domos instalados por Huella Andina, donde pueden pernoctar hasta 10 personas y tiene el aliciente de evitar cargar una carpa para la travesía (esto depende del tramo elegido). Ahora bien, no todo es caminar y dormir. Si se lo contrata con anterioridad, Chovi, Esteban o Arzobindo lo pueden esperar a uno con un asado increíble, bien regado de vino. Y una vez dominados los embates del estómago se impone una charla amena con estos pobladores devenidos en prestadores (también realizan excursiones). Y mientras la noche se cierra, escuchar a Esteban contar como provisto de un hilo y una lata no paraba de sacar peces frente a los atónitos turistas europeos, que pertrechados para el campeonato interplanetario de pesca con mosca maldecían su suerte. O las infaltables historias de aparecidos y animales mitológicos, que plantados en ese contexto son tan creíbles como la ley de la gravedad.
UN ESFUERZO MAS.
Al día siguiente empieza -después de mates y tortas fritas- la jornada más larga y dura de la vuelta al Lácar, que desemboca en Ruca Ñire. El trayecto es de dificultad media gracias a sus desniveles y tiene una duración de 7 horas. Quién puede hacerlo y quién no sería un debate eterno. Personalmente, cerca de las cuatro décadas y más sedentario que nunca, considero que el trayecto demanda un esfuerzo tan realizable como necesario para sentir el tremendo placer de haberlo superado.
Paisajísticamente el camino es sublime. Desde un bosque cerrado de cohíues, robles y raulíes hasta una playa prístina al costado del Lácar, donde descansar y almorzar (hay que llevar una vianda).
Una vez repuestos, la senda continúa bordeando el lago hasta llegar a la pampa de Ruca Ñire, donde hay un área equipada con fogón, baño seco ecológico y otro domo para pernocte. Bajar unos 50 m. para mojarse los pies en una de las playas más hermosas que haya visto no tiene precio.
Después de un sueño reparador la travesía continúa con destino a Hua Hum. Nuevamente hay un cambio en el paisaje con la aparición en escena de pinceladas de la selva Valdiviana. Unas horas más tarde (cerca del mediodía) se llega al paraje Pucará, donde también hay un cámping, proveeduría y baños.
Todo el trayecto es de dificultad baja y belleza alta. Menos de 5 km. después se llega a Chachin, donde también hay una zona de acampe libre y una proveeduría. Y así, un par de horas después, se llega a Hua Hum, donde hay que dirigirse al centro de interpretación Van Dorsen para dar parte de la llegada. Los que quieran volver a San Martín de los Andes pueden embarcarse desde allí (las excursiones lacustres están todo el año) y los que no, encuentran en Hua Hum servicios para relajarse un par de días antes de emprender la vuelta.
Si se viaja desde la primavera hasta marzo, la frutilla del postre del viaje es realizar el rafting binacional por el río Hua Hum. Los cinéfilos dirán que estuvieron en las locaciones no reconocidas de Avatar o el Señor de los Anillos.
VOLVER…
Cuatro días más tarde de la partida me bajo de un avión, otra vez en Aeroparque. Instintivamente miro el celular y me tiento con sumergirme otra vez en el mundo, desde el Índico hasta Ucrania. ¿Para qué?, reviso las fotos, me veo a veces cansado, transpirado y peleando con algún dolor de espalda ocasionado por una bolsa de dormir no apta para mayores de 35 años. Pero lo que veo es siempre un tipo pasándola bien. Tal vez desconecte más seguido el celular.
No habiendo posibilidad de marcar el 0 en el teléfono para pedir lo que inevitablemente uno se olvida cada vez que viaja, antes de salir a Huella Andina es imprescindible armar a conciencia la mochila.
-Mochila: para una travesía de pocos días basta con una de 60 litros, nunca más de 80 litros.
-Colchoneta aislante: de al menos 8 mm. de espesor.
-Bolsa de dormir: sintética o de duvet, con un rango de temperatura confortable (por lo menos -5º C).
-Calzado: lo ideal son las botas de treeking o zapatillas con buen agarre. Deben tener algo de uso y estar ablandadas.
-Ropa: remeras térmica y de algodón, un polar, una campera impermeable, pantalón de trekking (de secado rápido), cuello y gorro de polar, medias térmicas, guantes y un pantalón corto o malla.
-Utensilios: botella (para cargar agua en los ríos. No en los espejos de agua estancada); cuchillo, tenedor y jarro; linterna frontal y una bolsa de residuos.
-Cuidado personal: protector solar (no menor a factor 25), lentes de sol y elementos de higiene personal.
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