El taxista se convierte en el primer guía de turismo del destino. Pasa sobre todo en las provincias, donde hay hambre de conversación. En Tucumán, Horacio Saldías, que en su juventud supo ser camionero y desafiar las idas y venidas de las autopistas porteñas, nos pregunta de dónde venimos. Hacia dónde vamos es un detalle superfluo, para después.
El acuso de procedencia es un disparador para la charla, que se desata casi por inercia en el contexto limitado del coche.
Como recién llegamos de Buenos Aires, Saldías enarca las cejas en el retrovisor y pregunta-responde: “¿Allá está bravo, no? Acá todavía se puede vivir”. Nuestra respuesta no es más que una onomatopeya de la imposibilidad de decir.
Sobre la banquina las luces de mercurio estampan simétricos manchones amarillos en la noche serena de Tucumán, donde la luna llena decidió que hoy no va a haber lugar para las nubes.
En el tablero del coche el puntito rojo de la aguja del velocímetro va ganando altura mientras los consejos de Saldías gambetean nuestras tímidas intervenciones. Y así, entre el qué visitar, qué no, cómo, cuándo y dónde, y nuestras ansias de llegar cuanto antes, pasan los 25 minutos que hay desde el Aeropuerto Benjamín Matienzo hasta el hotel corazón de la ciudad de San Miguel, allí donde se desató el nudo de la historia de la independencia argentina.
Es inevitable empezar una reseña sobre Tucumán haciendo mención de que se trata de la provincia de menor superficie del país con 22.524 km², algo así como el 0,8% de la porción territorial que ocupa Argentina.
Pero el dato, repetido hasta el hartazgo, se revaloriza cuando notamos que la provincia del NOA condensa una parte importante de los paisajes del país en sus casi 2,8 millones de km².
En Tucumán conviven, albergados en 11 microclimas, cañaverales amarillos y verdes limoneros, llanuras extensas y montañas con cumbres que superan los 5.000 m. de altura, climas secos y húmedos, selvas exuberantes –las famosas yungas- y tierras áridas, además de dinámicas ciudades modernas –como San Miguel- y pueblos detenidos en el tiempo de los sulkys –como Simoca-.
LAS YUNGAS: VERDE INTENSO.
A 40 km. de San Miguel, por la ruta 9, se llega a El Cadillal, una respuesta contundente a la pregunta de por qué Tucumán es conocido como “El jardín de la República”.
Aquí domina el verde en todas sus gamas, conjugado con el negro intenso de una tierra constantemente húmeda y unas escasas pinceladas de marrón de aquellos troncos que todavía no fueron cubiertos por la vegetación. Molles, lapachos, tipas, laureles, jacarandás, orquídeas y bromeleas nacen enredados unos a otros, entre lianas que se elevan hasta las copas de los árboles y vuelven al suelo en conductas histéricas. En el medio, un camino de tierra emerge como un hiato entre la cortina que puebla las laderas.
En la huella, somos tres los que caminamos con la intención de hacer un trekking por la yunga para llegar a un tesoro escondido del paisaje, la Reserva Natural Aguas Chiquitas.
Esta área protegida de 740 ha., ubicada sobre las Sierras de Medina, se creó en 1982 para preservar el Bosque de Transición de Tucumán, un ecosistema en vías de extinción.
A 3 km. de El Cadillal conserva un importante yacimiento paleontológico de formaciones de origen terciario temprano, donde se han hallado fósiles de mamíferos y cocodrilos.
También cobija tres impresionantes saltos de agua de hasta 50 m. de altura con caída a grandes piletones naturales enmarcados en un paisaje selvático intenso.
Allí, sobre una roca desnuda, de cara a la cascada y luego de caminar durante dos horas por un sendero de 2,5 km. ascendiendo 2.000 m., nuestro guía Ángel Alfredo Paz, hijo de Ángel Paz y hermano gemelo de Ángel Santiago Paz, nos ofrece un típico bollo de pan con chicharrones y empanadas tucumanas hechas por su madre.
La pausa de 30 minutos sirve para recargar energías y desandar el sendero que nos depositará nuevamente en la huella del regreso.
Ángel nos cuenta las historias de los muertos de la dictadura que, cuando andan con el alma inquieta, suelen merodear las cercanías del dique. “Son aparecidos”, dice.
Por encima de nuestras cabezas, y de un lado al otro del camino, las arañas tejen telas de una resistencia que algunas camisetas de algodón envidiarían.
Ahí, como suspendidas en el aire, custodian el paso de turistas adornados con ropajes y accesorios digitales, pero también el de algún puestero seguido por una tropa de perros fieles.
Historia de la yunga
En una pequeña porción de territorio, Tucumán ostenta una diversidad de paisajes única y ofrece distintas formas de experimentarlos. Un trekking en pleno corazón de las yungas hace descubrir los tesoros ocultos de esta provincia que, con su gente y la historia, se presentan como su patrimonio más preciado.
Tips para el viajero
Dónde alojarse: en San Miguel de Tucumán, en el hotel Tucumán Center, (0381) 452-5555. Excursiones: Trekking a Aguas Chiquitas con Extremo Norte, [email protected]. Informes: Ente Tucumán Turismo: (0381) 430-3644 o [email protected].
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