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Finca Huayrapuca: el viento con aroma a nuez

Unas remozadas casonas inmersas en el riojano valle de Famatina encierran una valiosa experiencia turística y gastronómica, donde las nueces juegan un papel preponderante.

La combi entra por un portón sobre el que flamea una bandera argentina y sus ruedas producen crujidos al friccionar con la gravilla del camino interno. Sin embargo, al descender mis pies no se posan sobre el esperado pedregullo gris sino sobre un reluciente tapiz ocre. Ajusto la vista y caigo en la cuenta: ¡pero si todo el sendero es de cáscaras de nuez!
El resquebrajamiento -tan terapéutico como saltar en la hojarasca seca- anuncia los pasos hacia el anfitrión, Paulo D’Alessandro, un aficionado de la aviación quien junto a su esposa Claudia mentaron la Finca Huayrapuca, nombre adoptado del quechua que significa “viento colorado”.
La estancia, en el valle de Famatina, al pie del cerro homónimo, a 1.700 msnm, consiste en una serie de antiguas construcciones de adobe completamente recicladas y decoradas con excelente gusto. Paulo nos desasna y explica que a comienzos del siglo XX era el punto de salida de arrieros y carreteros que llevaban mercadería en carros tirados por mulas, desde el valle hacia Chilecito. Es decir, la finca funcionaba como una empresa de transporte. Hoy en día no sólo es una de las principales productoras de nueces a nivel provincial –y de muy alta calidad- sino que también ha extendido su propuesta al turismo. Veamos.

ENTRE LOS NOGALES.
Paulo cuenta que en las 16 ha. del predio se cosechan nueces blancas, doradas, cobrizas y la recientemente incorporada variedad californiana, al tiempo que lleva a los invitados hacia el sembradío para explicar in situ sobre el tema, tarea generalmente realizada por guías especializados.
Allí podemos apreciar los antiguos y los nuevos nogales, el estanque, la fuente de agua para riego, un corral con llamas, la maquinaria agrícola y una gran piscina a la que sólo le faltan los toques finales.
Luego nos conducirá hacia al secadero de nuez con cáscara y al salón de quebradero manual, extracción de la pulpa y envasado. Allí están ellas, las expertas con sus delantales, encargadas de seleccionar el mejor producto, a quienes una consulta sobre las propiedades afrodisíacas de las nueces las hace sonreír y sonrojar para responder tímidamente: “cada uno tiene que probar”.
Por último, sólo queda degustar algunos de estos crocantes frutos para simplemente corroborar que todo el proceso valió la pena.

BUSCANDO ORO.

Pero no sólo de nueces vive Huayrapuca.
“En principio nos instalamos para producir, envasar y vender nueces; nos fue bien y luego nos propusimos complementarlo con un perfil orientado al visitante”, nos cuenta Paulo. “Además, el turismo entusiasma al personal: los motiva que los visiten, salen de la rutina y se sienten revalorizados”.
La primera medida fue inscribirse como empresa de turismo de modo de poder comenzar a realizar excursiones en jeeps y cuatriciclos con choferes guía.
Algunos de los enclaves cercanos que se pueden visitar son la mina La Mejicana y las formaciones rocosas de Los Pesebres y el cañón del Ocre, pero en esta oportunidad vale describir una excursión que satisface en varios aspectos: Lavadores de Oro.
Allí vamos en 4x4, único tipo de vehículo capaz de afrontar el sinuoso camino de piedras hasta el valle donde vive la familia Caliba, encabezada por José y Graciela, quienes con toda humildad -y simpatía- se enorgullecen en ser los últimos “pirquineros” de la zona y quienes nos ofrecen un té de hierbas en la fría mañana.
Si bien puede sonar tentador y hasta romántico ser un buscador de oro, la realidad es que para los Caliba se trata de una economía de subsistencia, ya que en un mes deben picar cinco toneladas de piedra para obtener siete u ocho gramos de oro que venderán en Chilecito o La Rioja.
El metal más preciado de la historia está allí, dentro de las rocas, en forma de ínfimos gránulos, y con Graciela compartimos el proceso de obtención. El grupo sigue atentamente sus pasos: con una pala va derramando arenilla de roca sobre una corriente de agua en la que se filtran los elementos más pesados, luego vierte ese contenido en su chaila (una especie de plato ligeramente ahondado) y de a poco va despejando los sobrantes (circonio, hierro y plomo; el oro se encontrará escondido en el fondo debido a su peso específico). Cuando todos estamos a la expectativa de un fulgor dorado entre grises, Graciela nos anuncia con toda seriedad que parece que “esta vez no hemos tenido suerte”.
Esto es una gran decepción, de no ser porque nuestra experta pirquinera simplemente está jugando con nosotros, a sabiendas de que no hay manera de que el oro no esté allí. Un par de pases mágicos más y las chapitas amarillas aparecen y se multiplican entre las fibras de hierro que serán (tal como hemos aprendido en la secundaria) fácilmente despejadas por un imán. Todos sacan fotos y la fiebre del oro ya se apoderó de los excursionistas.

 

ALOJAMIENTO Y GASTRONOMIA.
De momento Huayrapuca cuenta con cuatro habitaciones, donde además de típicas comodidades, los pasajeros encontrarán mullidos ponchos a modo de amenities, los que podrán utilizar en el caso de un día frío. La estadía también incluye un desayuno con infusiones, queso de cabra y dulce casero, entre otros servicios. Como la propuesta ha tenido éxito, Paulo D’Alessandro ya confirmó la construcción de más unidades de alojamiento.
Y aunque los viajeros no se alojen en la finca es imperativo cenar aquí. Claudia D’Alessandro ha desarrollado un menú con especialidades que combinan lo autóctono y lo gourmet, en base a sabores realzados con vinos, frutos e hierbas cosechadas en el mismo predio.
Las opciones son muchas y sobran las descripciones generales al repasar sus tentadores nombres. Para empezar se pueden probar unas empanadas riojanas con mucha papa y verdeo fresco (acompañadas por pasas borrachas en vino patero y nueces); aunque no hay que atiborrarse para guardar lugar a platos como chuletas de cerdo con papas rústicas y pesto de nuez, crepes de morcilla flambeados con coñac sobre pastel de choclo, pechuga de pollo grillada y bañada en vino patero y salsa blanca acompañada de huevos revueltos sobre quesillo de cabra, o panzotti de cordero, ricota y nuez sobre reducción de torrontés y salvia.
Algunos postres: cascos de membrillos en almíbar sobre mousse de castañas y garrapiñada de nuez, pañuelitos de dulce de leche y nuez con frutas en almíbar, y helado de crema con quinotos en almíbar y crocante de patay (panificación realizada con harina de algarrobo blanco).
Entre todo lo probado, y en una difícil contienda gastronómica, he erigido como triunfador al matambrito de cerdo con flan de limón y menta, que se deshace en la boca, uno de esos gustos que vagan en una extraña memoria por mucho tiempo.
Asimismo, en Huayrapuca no sólo se venden todas sus clases de nueces (en pequeñas y grandes cantidades) sino que también se pueden comprar una gran variedad de frutas en conserva, como ciruelas, duraznos, peras (probadas y aprobadas las peras a la menta con chocolate) y quinotos, además de aceitunas y tomates secos también producidos en la finca.
A modo de conclusión, vale indicar que si bien la Finca Huayrapuca está dando sus primeros pasos en el mundo turístico, estos fueron dados con buen tino y buen gusto. Y de la mano del emprendedor D’Alessandro, quien busca una mayor comercialización a través de operadores, el establecimiento seguirá persiguiendo su potencial para consolidarse como una propuesta original y muy valedera en La Rioja.

Tips

El establecimiento combina rusticidad y buen gusto.
-Está enclavado en un pacífico entorno natural, inmerso en el valle de Famatina.
-Por ahora tiene pocas habitaciones, pero el proyecto apunta a desarrollarse a corto plazo.
-Las opciones gastronómicas son variadas e imperdibles.
-Se ofrecen atractivas excursiones por las montañas en 4x4 y jeeps.

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