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Turín: cúpulas que rozan el cielo

Un recorrido por las calles de Turín obligará a sus visitantes a mirar hacia el cielo. Es que la capital de la región del Piamonte deslumbra con su patrimonio arquitectónico y monumental. Con iglesias, plazas y palacios imponentes, y una extensa tradición religiosa, Turín se convierte en un destino ineludible en la agenda de ruta de los viajeros.

La historia de Turín comienza en el siglo III a. de C., cuando nace como un campamento militar romano. En la actualidad, su centro histórico da vida a una ciudad que se destaca por sus estructuras arquitectónicas en iglesias y palacios, con obras maestras de renombrados arquitectos del Barroco Piamontés.
Bastará entonces un paseo por sus calles principales para conocer la Plaza San Carlos, diseñada por Amadeo Castellamonte; las iglesias de San Carlos y Santa Cristina, obras del arquitecto Juvara; o la iglesia de San Lorenzo, de Guarini, en la que predomina su gran cúpula y su arquitectura que excluye toda línea recta.
Cercanas al Palacio Real, surgen la Catedral y la Capilla del Santo Sudario: la primera es un edificio de estilo Renacentista-Toscano con campanario románico, mientras que la segunda, otra de las obras notables de Guarini, posee una original cúpula de más de 60 m. de altura y diseño semejante a una corona de espinas. En el centro, un altar contiene la preciosa reliquia que aloja el lienzo, la Sábana Santa, con las huellas del cuerpo de Cristo.
Por su parte, la Mole Antonelliana se inició en 1863 como un proyecto de Alessandro Antonelli. De enorme importancia tanto por su originalidad estructural como por su funcionalidad, es la sede del nuevo Museo Nacional del Cine. Su estructura contiene una colosal cúpula de hierro y vidrio que alcanza los 167 m. En la actualidad, es posible subir utilizando un ascensor central que culmina en un mirador, desde donde se alcanza uno de los mejores puntos panorámicos de la ciudad.
La Plaza del Castillo es el corazón del destino. Diseñada en 1584 por Vitozzi, supo ser el centro neurálgico de Turín de la etapa romana y del renacimiento. En su centro se sitúa el Palacio Madama, un castillo medieval de viejas puertas romanas.
La Basílica di Superga, uno de los puntos más altos y panorámicos de la ciudad, es considerada la obra más relevante de Juvara. Esta espléndida construcción constituye un símbolo del destino y es uno de los puntos turísticos más frecuentados por los visitantes.
Mientras que el Palacio de la Academia de las Ciencias, aloja en sus dependencias al Museo Egipcio, cuya colección se compara con las del Louvre, Británico y del Cairo.
En tanto, el Palacio Carignano, creación de Guarini, presenta una imponente fachada barroca. Ligado a importantes acontecimientos de la historia de Italia y del Piamonte, en la actualidad es sede del Museo Nacional del Resurgimiento Italiano.

Tradición religiosa.
La Sábana Santa es un lienzo tejido con forma de espiga que contiene la imagen de un hombre fallecido en la cruz después de muchas torturas. Según la tradición es el lienzo mencionado en los Evangelios que sirvió para envolver el cuerpo de Jesús en el sepulcro. Los primeros testimonios sobre el Santo Sudario surgen a mediados del siglo XIV, cuando Geoffroy de Charny llevó el lienzo a su iglesia en Francia. En la primera mitad del siglo XV, con la guerra de los 100 años, Marguerite de Charny se la llevó a la corte de los Saboya. Tras un período en la iglesia de los Franciscanos, el lienzo fue trasladado a la Saint-Chapelle du Saint-Suaire. Sin embargo, en 1532 un incendio devastó la capilla, por lo que la tela sufrió considerables daños.
Una vez restaurada, la Sábana Santa fue trasladada definitivamente a Turín en 1578 y desde 1589 se conserva en su Catedral.
Desde su aparición, el lienzo ha suscitado un marcado interés entre científicos, historiadores, médicos y químicos.

Del 10 de abril al 23 de mayo, el Santo Sudario será expuesto en la Catedral. El acontecimiento convertirá al destino en un punto de referencia de la cristiandad durante 44 días. El evento será también un momento de valorización cultural y turística y una oportunidad única para la ciudad, que mostrará a los dos millones de visitantes que se esperan, sus testimonios de fe ligados a la historia.

Cafés notables.
Un variado número de cafés históricos con decorados neoclásicos, rococós o modernos completan el paisaje de la ciudad.
Así, en el café San Carlo, que abrió sus puertas en 1822, los visitantes encontrarán una decoración neoclásica que combina una estructura de madera tallada bajo una colosal araña de cristal veneciano.
En Torino, un café moderno de fastuosa decoración, los dulces son la gran atracción, mientras que el café Fiorio, fundado en el siglo XIX, supo ser punto de encuentro del sector más conservador de la política y la cultura en la época del Resurgimiento.
Mientras que el Mulassano debe su reputación a las famosas medialunas, muy populares en el destino.

Entre mercados y tiendas de moda.
Turín presenta múltiples alternativas en materia de compras.
En el centro de la ciudad, en la actual plaza Palazzo di Città, cada primer domingo de mes tiene lugar el “mercado de las verduras”, con variadas opciones en productos locales.
Un poco más al norte se ubica el mercado al aire libre más grande de Europa, el Porta Palazzo. Cada mañana, el lugar se llena de colores, aromas y sabores que provienen de más de mil puntos de venta. Entre comercios y locales es posible adquirir ropa, alimentos, muebles y artículos para el hogar.
A espaldas del Porta Palazzo, tiendas de segunda mano y de antigüedades exponen en sus vidrieras toda clase de artículos con precios para todos los bolsillos.
Mientras que en el centro de Turín se suceden las grandes tiendas de la moda italiana, tales como Armani, Versace, Dolce&Gabbana, Gucci y Prada, entre otras.

Sabores y entretenimiento en el Piamonte.
La escena gastronómica en Turín se divide entre los grandes restaurantes de la ciudad, que guardan la tradición piamontesa; las trattorías, con antiguas recetas y un toque de modernidad; y los numerosos locales étnicos que presentan una alternativa para quienes deseen explorar nuevos sabores.
Además, la ciudad ofrece muchas posibilidades para disfrutar por las noches. Los viejos almacenes situados a lo largo del río albergan locales, galerías de arte y discos.
Por su parte, las orillas del Po resultan un marco ideal para realizar un paseo y descubrir puestos de productos artesanales.
Mientras que en la zona conocida como Fornelletti, donde en los últimos años se han concentrado los flujos migratorios extranjeros se ubican los cafés literarios, bares mexicanos de tapas, pizzerías y vinaterías típicas.

Ciudad de poetas.

”Vendrá la muerte y tendrá tus ojos”, escribe Pavese en el hotel en el que se alojaba antes de suicidarse. “Esta muerte que nos acompaña/de la mañana a la noche, insomne,/sorda, como un viejo remordimiento/o un vicio absurdo. Tus ojos/serán una vana palabra,/ un grito callado, un silencio.” La relación del poeta con la ciudad comienza en 1914 y continúa hasta el momento de su muerte en 1950. Eligió ese paisaje antes que cualquier otro para escribir algunas de sus obras. Hemingway inmortaliza en Turín las páginas más hermosas de su “Adiós a las armas”. Nietzsche se equivoca de tren y llega a la capital del Piamonte. Inmediatamente el encanto de sus calles lo envuelve, y decide quedarse para trabajar en tres de sus obras más destacadas: “Ecce homo”, “El crepúsculo de los ídolos” y “El anticristo”. También Flaubert, Dickens y Dumas fueron seducidos por la gracia de la ciudad. Basta cerrar los ojos un momento para imaginarlos a orillas del Po o sentados en un café dándole forma a alguno de sus versos.

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