LA BOHEMIA DE LA RIBERA Y EL BORN.
La vuelta a Europa en cuatro barrios
Por los colores, aromas y sabores que brotan a la vuelta de cada esquina, porque conocemos su historia y nos atrae, porque nos sentimos a gusto deambulando por sus calles, es que El Born en Barcelona, el Barrio Latino en París, Plaka en Atenas y Notting Hill en Londres nos cautivan con su espíritu libre y bohemio. Por todo eso y más compartimos nuestras impresiones sobre estos privilegiados rinconcitos europeos.
Desde la Vía Laietana hacia la Barceloneta se extiende lo que fue el barrio de los mercaderes, los artesanos y las familias más ricas de la antigua ciudad. Con el correr de los años los principales gremios instalaron allí sus talleres y las callejuelas tomaron nombres como: De Laneros, Plateros o Sombrereros. Más tarde los artistas abrazaron esta área y se convirtió en una de las zonas más bohemias y místicas de la ciudad.
Hoy, al caminar por las sombreadas calles de La Ribera descubrimos un barrio donde el ocio, el diseño y el arte se respiran a cada paso, entre bares colmados de gente de todo el mundo que intercambia impresiones mientras saborea una cerveza o un café en las vereditas catalanas.
Esta escenas se puede ver una y otra vez sobre todo en el lado sur, El Born, cuyo eje es el Passeig (paseo) homónimo. Su laberintico trazado nos depara sorpresas a cada metro, con escaparates coloridos que exhiben prendas extravagantes, como en las calles Flassaders, de la Vidriera y del Rec; o aquellas más culturales como Montcada, donde se encuentra emplazado, en un antiguo palacio, el Museo Textil. Este espacio cuenta con un patio ideal para probar la delicada cocina mediterránea o disfrutar de un concierto de jazz.
A pocos pasos, cinco palacios medievales albergan el Museo Picasso. Abierto en 1962, contiene más de 4.000 obras del genial artista malagueño, quien vivió varios años en Barcelona, desde fines del siglo XIX, antes de radicarse en París.
También vale la pena detenerse en un edificio muchas veces considerado como “la obra más modernista del mundo”: el Palacio de la Música, sobre la calle Sant Pere Més Alt.
Otro de los atractivos recomendado es el remozado Mercado de Santa Caterina y la actual Basílica Santa María del Mar, a pocos minutos a pie de la playa La Barceloneta. De cara al Mediterráneo, cuando finalizó recorrido vino a mi mente la siguiente reflexión “Seguramente, el Born es el barrio donde todos quisiéramos vivir”.
PLAKA: EL BARRIO DE LOS DIOSES.
Plaka es el barrio más antiguo de Atenas y debido a su cercanía con la Acrópolis se lo conoce como el “Barrio de los Dioses”. Y como casi todo en esa ciudad, los derroteros de los visitantes también están sujetos a la voluntad divina.
Por eso, para recorrer las calles de Plaka es mejor soltar el mapa y agarrarse fuerte a la intuición. Difícilmente la señalética colabore, pero sepa que la intersección de las calles Adrianou y Kidathinaion son el centro del barrio. A partir de allí es bueno dejarse sorprender y pasar el rato en los puestos de venta, codiciando y adquiriendo pequeñas esculturas de los dioses, jabones y esencias, accesorios con piedras locales, aceites de oliva y el característico licor de ouzo.
Si bien es cierto que Plaka linda con otros interesantes barrios de la capital griega, como Monastiraki y Anafiokita, éstos son de perfil más comercial, mientras que nuestro elegido conserva su impronta antigua, con calles empedradas y angostas donde se encuentran bellas casas neoclásicas que datan del siglo XIX.
A lo largo de los siglos se han instalado tabernas, bares y fondas entre las que se destaca Brettos, la destilería más antigua de Atenas, que sigue elaborando sus propios licores. Vale la pena acercase para conocer su colorida barra: será uno de los momentos inolvidables del recorrido.
Otro de los imperdibles atenienses es la muy recomendada visita al restaurante Scholarhion, que ofrece una fiesta para los paladares de quienes disfrutamos de probar nuevos sabores. La idea es que cuantos más comensales sean, más delicias se podrán probar: ensalada griega, moussaka y dolmades (carne envuelta en hojas de parra) son algunos de los platos que podremos degustar en porciones medianas y a precios muy razonables.
La cena se extenderá más allá del café, el licor y los dulces griegos. Al salir del restaurante, la imagen de la Acrópolis iluminada, casi al alcance de la mano, es la postal perfecta de y eterna que nos llevaremos como recuerdo de Plaka.
Reflexión al volver caminando por las callejuelas atenienses: “Los Dioses no podrían haber elegido mejor sitio para vivir”.
NOTTING HILL: EL BARRIO DE LOS MIL COLORES
Si bien es cierto que el mercado de Portobello Road es uno de los más recomendados del Viejo Continente, fue la sonrisa de Julia Roberts en el filme de 1999 “Un lugar llamado Notting Hill” la que convirtió a este bellísimo rincón londinense en un atractivo de fama mundial.
Desde hace más de medio siglo, esta zona de marcado perfil multicultural, donde se asentó la mayor comunidad jamaiquina del Reino Unido, celebra cada agosto un multitudinario desfile de carnaval caribeño que llena las calles de música y color.
Para llegar desde el centro de Londres, lo recomendable es tomar el metro y bajar en la estación Notting Hill Gate, de modo de acceder rápidamente a Portobello Road. Allí, cada sábado se disponen puestos de venta que ofrecen objetos tan disímiles como remeras, muebles, relojes, frutas y flores.
Para evitar una multitud, es mejor visitar el barrio cualquier otro día, pero en este caso sólo se podrán admirar los muchos locales fijos que tientan a los viajeros con excelentes ofertas en ropa de diseño, discos de vinilo y zapatillas.
Al pasar por el número 142 de Portobello Road hay una fachada azul que se destaca del resto. Se trata de la misma que aparece en la película que protagonizaron Julia Roberts y Hugh Grant (en la ficción Anna Scott, una famosa actriz de Hollywood, y William Tacker, un tímido librero londinense que trabaja precisamente aquí). A efectos del relato es The Travel Bookshoop, una hermosa librería de viajes; en la vida real es una zapatería.
Lo cierto es que al deambular por el barrio, entre tiendas, cafecitos y casonas pintadas de miles de colores, nos enteramos de que la librería que inspiró el filme se localizaba en el número 13-15 de Blenheim Crescent, pero hoy ya no existe.
De vuelta en el mercado de Portobello, la fila para comer un curry “al más puro estilo indio” puede superar la paciencia de cualquiera, entonces vale la pena dirigirse a Pret a Manger, una muy buena opción para quienes están controlando su presupuesto de viaje. Se trata de una cadena gastronómica que prepara los más deliciosos sándwiches y jugos naturales de la capital inglesa.
Reflexión durante el almuerzo: “Para mí que Anna Scott no se quedó en Londres por William, sino para vivir en “Un lugar llamado Notting Hill”.
BARRIO LATINO: EL REFUGIO DE LAS LETRAS.
El Barrio Latino es una de las joyas de la orilla izquierda del Sena y, para esta cronista, uno de los lugares más lindos del mundo.
Esa madeja de calles es mucho más que un espacio físico delimitado. Allí se encuentran algunos atractivos ineludibles, como la Catedral de Notre-Dame, el Panteón y la Universidad de la Sorbona, de donde proviene el nombre de “Barrio Latino”, en referencia a la gran cantidad de estudiantes que comenzaban sus cursos de latín y deambulaban a toda hora por sus calles.
En la Rue Mouffetard apreciamos el ruido de la feria al aire libre, donde los pollos rostizados se venden como pan caliente, al igual que los quesos y frutas. Al cruzar la Place de la Contrescarpe disfrutamos de la música de los artistas callejeros y descubrimos varias creperías al paso. La Rue de St. Jacques, deriva en el verdadero centro del barrio: la Rue Huchette, con su famoso Caveau de la Huchette, el club de jazz más famoso de París.
De madrugada los espíritus más bohemios pasean sin pudor por el Barrio Latino, tal como lo hacía el escritor Ernest Hemingway, cuyo paso está registrado en la puerta del edificio que habitaba, donde una placa nos recuerda que “París era una fiesta”.
Reflexión al regresar a mi pequeña bohardilla alquilada: “París sigue siendo una fiesta, a la que me asomé tímidamente. Y ahora, quiero ser la última en irme”.
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