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Escocia desde todo punto de vista

El país alberga en su territorio a dos entrañables ciudades, Glasgow y Edimburgo, que ofrecen a quien las visita una variedad de alternativas culturales y de esparcimiento.
Se trata de dos ciudades que son centinelas y anfitrionas. Auténticas exponentes de un enclave donde los páramos se despliegan hasta dar con el Mar del Norte, donde los fiordos se pueblan de destilerías, y donde las islas aún no conocen los estragos del asfalto. La Escocia salvaje, la valiente y la de vasta riqueza cultural: Glasgow y Edimburgo lo pueden explicar todo, e incluso le pueden deparar al viajero uno de los itinerarios más apasionantes de su vida.
Ambas ciudades aparecen cubiertas por el halo de misterio de las brumosas tierras altas, pero también desenvuelven todo el cosmopolitismo de las grandes metrópolis, con toda la habilidad de aquellas que saben dar la bienvenida al progreso sin perder sus orígenes.
Vanguardistas, polifacéticas, alegres y descaradas, Glasgow y Edimburgo son curiosas y amantes de experimentar con el presente sin perder un ápice de su historia en ese intento. Por ello, por sus calles todavía se pasean fantasmas de otros tiempos, por sus entrañas corre el whisky y la malta, y también retumban los gritos de guerra de aquellos clanes que fueron capaces de hacer temblar a los más curtidos sajones.
En ambas, el tiempo forjó una fuerte amistad con la calma y, lejos de estropear, embelleció los vetustos edificios. En ese contexto, las gaitas llenan con su música cada rincón de sus retorcidas callejuelas; y los habitantes de la región hacen lo posible para que el turista comprenda, no bien pisa el suelo local, la quintaesencia de los sagrados placeres de Escocia: un buen whisky, un crepitante fuego y una escalofriante historia de fantasmas.
Todo esto podrá ser comprobado con sólo tomar alojamiento, ya sea en hoteles, hostales o bed & breakfast. La hospitalidad de su gente y el gusto por las chimeneas son claras muestras de la calidez reinante.

Una urbe llena de vida.
Glasgow ofrece al viajero una urbe bulliciosa y colorida, moderna y tolerante, pero sobre todo muy divertida. Es que Glasgow es experta en aceptar y hacer propias las más estruendosas vanguardias, y capaz de ofrecer las más jerarquizadas alternativas de ocio de toda Escocia. En este sentido, su vida nocturna se encuentra cargada de buen humor, variedad y música.
Las bandas de música son numerosísimas y muy buenas. Para comprobarlo, nada mejor que pasear por la ciudad al atardecer, cuando la oscuridad y la risa comienzan a ganar terreno. Y adentrarse en sitios como King Tut´s Wah Wah Hut, donde es posible descubrir lo último en tendencias musicales mientras se disfruta de un buen trago.
Otro sitio que merece una visita es la Nueva Escuela de Arte. Diseñada por el arquitecto Charles Rennie Mackintosh, e inaugurada en 1899, sus paredes encierran múltiples facetas de la historia de la región.
Pero el arte de Mackintosh no sólo quedó plasmado en esta propiedad; por el contrario, ha dejado una estela, una impronta que ha sido seguida por infinidad de artistas, muchos de los cuales hoy cuelgan sus cuadros en la impresionante Galería de Arte Moderno de la ciudad, la más importante de la región, y también una de las más vanguardistas del país.

Sin acartonamientos.
Al contrario de lo que pudiera pensarse, Edimburgo reniega de los convencionalismos. En efecto, el visitante no debe dejarse engañar por la elegancia de sus avenidas, la profusión de sus iglesias, lo recoleto de sus callejones o la pulcritud de sus centenarios miradores. Se mire por donde se mire, la ciudad es una auténtica joya, un cofre mágico repleto de exquisitas sorpresas.
Para disfrutar mejor todos sus atributos, nada mejor que comenzar mirando al cielo: allí, dominando la urbe, se erige el castillo, razón de ser de su existencia e icono de orgullo de sus habitantes. La fortaleza, que data del siglo XI, es escenario de imponentes eventos, como el majestuoso Festival de Edimburgo, uno de los más reconocidos del mundo por la calidad y cantidad de artistas que reúne cada agosto.
A pasos nomás, es posible acceder a un mundo de ensueño: en los alrededores de George St. y Charlotte Square se encuentra la grandeza sobria y elegante de la época georgiana, en tanto la zona sur ofrece la tranquila calma de parques totalmente vestidos de verde.
Tampoco está para perderse una visita a Calton Hill antes de la puesta del sol, para disfrutar de la geografía urbana que se extiende hasta la costa a través de uno de los puentes más famosos del mundo: el Firth of Fort, una maravilla de la ingeniería que impacta apenas se lo divisa.
Por su parte, Leith, el puerto de Edimburgo, es un sitio ideal para probar pescado recién capturado del Mar del Norte. Allí se erige una variada oferta de restaurantes que convierte a la zona en un bullicioso punto de encuentro.

Fantasmagórica Edimburgo.

Pero Edimburgo es también refugio de fantasmas. Así, la calle denominada Royal Mille alberga historias de otros tiempos: todas ellas narradas por terroríficos guías que harán del paseo una auténtico relato de miedo. Un dato escalofriante: bajo estas calles existe una ciudad subterránea de hasta cuatro pisos, diseñada hace muchísimo tiempo para que los menos afortunados no afearan las afueras de la bella ciudad. Muchos de ellos murieron durante la peste, y hoy dicen que sus espíritus vagan alrededor de lo que fueron sus hogares.

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