Recorrer a pie el Casco Histórico de Buenos Aires es una experiencia que combina arte urbano, gastronomía y arquitectura. Cada esquina entrega un pedacito de memoria nacional: cafés con más de un siglo, monumentos cargados de simbolismo y fachadas que cuentan cómo se fue armando la capital argentina a lo largo de los años.
Este trazado peatonal une el pulso contemporáneo de los murales gigantes con la calma de las callecitas adoquinadas. Quien lo camina con tiempo descubre que la historia aparece en detalles pequeños: una farola de bronce, un mostrador antiguo de farmacia o las marcas que dejaron viejos enfrentamientos en las paredes de una basílica.
Inicio del recorrido entre arte urbano y cafés tradicionales
El paseo arranca en el cruce de la Avenida 9 de Julio con Belgrano, donde se levanta un mural enorme firmado por Martín Ron en honor a Lionel Messi alzando la copa del mundo. A pocos metros, la silueta en acero de Eva Perón decora la fachada del Ministerio de Desarrollo Social. Más adelante, al entrar en la Avenida de Mayo, asoma la cúpula dorada del Club Español como primera postal de época.
Esta avenida es un desfile de paradas gastronómicas con sello propio. Está el inevitable Café Tortoni, donde Jorge Luis Borges y Carlos Gardel dejaron huella en sus mesas de mármol, y la Confitería London City, refugio habitual de Julio Cortázar. La oferta también incluye opciones más nuevas como Balagan café, que sirve una particular empanada de chipá, y espacios culturales como el Museo del Mate.
Sobre la misma vía aparecen la Casa de la Cultura, con una farola de bronce de cuatro mil kilos en lo alto, y el Pasaje Roverano, conectado directamente con la red de subtes. Cada frente edificado deja ver el brillo económico que tuvo la ciudad a comienzos del siglo veinte.
Monumentos y edificios alrededor de la Plaza de Mayo
Al llegar a la Plaza de Mayo, núcleo político y fundacional del país, se abren a la vista los escenarios de los grandes capítulos de la historia argentina. En el medio se ubica la Pirámide de Mayo, primer monumento patrio del territorio, acompañada por los pañuelos blancos pintados en el piso que recuerdan la lucha de las Madres.
El perímetro de la plaza concentra construcciones inconfundibles. Por un costado aparece el Cabildo, protagonista de la Revolución y hoy convertido en museo. Enfrente, la Casa Rosada destaca con su color característico junto al Banco de la Nación Argentina, obra mayor del arquitecto Alejandro Bustillo, con pisos de granito muy trabajados.
La Catedral Metropolitana cierra la escena con sus doce columnas frontales que evocan a los apóstoles. Adentro, una llama votiva marca el sitio donde reposan los restos del General San Martín. Desde las escalinatas, además, se obtiene una vista limpia hacia la Diagonal Norte que termina con el Obelisco como protagonista.
Arquitectura colonial y arqueología urbana en Buenos Aires
El trayecto sigue hacia el sur, metiéndose entre las calles adoquinadas del barrio de Montserrat. Al doblar por la calle Perú aparecen lugares legendarios como la Manzana de las Luces, conocida por sus túneles subterráneos de los tiempos jesuíticos, y el Colegio Nacional de Buenos Aires. En el mismo sector se levanta la Iglesia San Ignacio de Loyola, considerada la más antigua de la capital.
Por la calle Alsina, el peatón se cruza con la Librería de Ávila, punto de encuentro habitual de los próceres de la Primera Junta. A pocos pasos, los Altos de Ezcurra y los Altos de Elorriaga llaman la atención por su diseño de dos pisos sin ochava, hoy parte del circuito del renovado Buenos Aires Museo. En la esquina con Defensa, la Farmacia La Estrella conserva su mobiliario de nogal y mayólicas venecianas.
El valor arqueológico de la zona queda claro al pasar por el Sitio Arqueológico La Cisterna, en la calle Moreno, donde se muestran miles de piezas cotidianas del siglo diecinueve. Estos callejones también invitan a una pausa en sitios como El Querandí o La Puerto Rico, que mantienen el espíritu de las viejas tertulias porteñas.
Paseo de la Historieta y casas de tango en la calle Balcarce
Cerca de la Avenida Belgrano, la Basílica de Santo Domingo guarda el mausoleo de Manuel Belgrano y todavía conserva en sus torres las huellas de los cañonazos de las Invasiones Inglesas. Desde ese punto, el recorrido se vuelve más distendido al ingresar al Paseo de la Historieta.
Sobre la calle Balcarce esperan figuras muy queridas del imaginario popular. Allí se pueden ver las esculturas de Las Chicas de Divito, un Clemente sentado en la vereda o el personaje de Don Fulgencio. El tramo respira aire arrabalero y reúne casas de tango históricas como La Ventana y escenarios como La Trastienda Club.
El paseo culmina frente al imponente edificio del Polideportivo SUTERH, una construcción monumental de mil novecientos catorce que funcionó alguna vez como usina eléctrica del diario La Prensa. Ese cierre resume bien la identidad del recorrido: muros antiguos que se reinventan para seguir formando parte del paisaje cotidiano de la ciudad.
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