Es bien sabido –y para quienes no están al tanto aún, se lo contamos al pasar– que la famosa expresión de los “Cien barrios porteños” es tan solo una licencia poética. En la realidad son nada más ni nada menos que 48, pero tampoco así llegamos a descubrirlos en su totalidad.
Salir por los barrios
Para armar una semblanza histórica y contemporánea de la Reina del Plata dividimos el mapa y armamos dos seleccionados que, lejos de enfrentarse, se complementan. Imitando el sentido en el que se desarrolló la ciudad, visitamos Monserrat, San Telmo y Barracas; y luego Retiro, Recoleta y Belgrano; confirmando que cada vez hay más espacios, paseos y parques para descubrir Buenos Aires de punta a punta.
BUENOS AIRES SUR: LOS ORÍGENES DE LA ALDEA.
Con solo rodear la Plaza de Mayo podremos repasar los principales atractivos del casco histórico, sitio fundacional de la ciudad, allá por junio de 1580. El Cabildo, la Catedral Metropolitana, la Casa de Gobierno, el Museo del Bicentenario y la belleza de las cúpulas de Avenida de Mayo, en el corazón del barrio de Monserrat, constituyen el eje primario de desarrollo de la pequeña aldea que se convirtió en la gran urbe que conocemos.
Para descubrir más de su pasado, tomamos en dirección sur hacia la Manzana de las Luces. Localizada entre las calles Alsina, Moreno, Bolívar y Perú, se trata de uno de los principales complejos históricos porteños, ya que contiene algunas de las construcciones más antiguas de la ciudad, como la iglesia jesuítica de San Ignacio, el actual Colegio Nacional, el antiguo edificio de la Universidad de Buenos Aires y la Procuraduría de las Misiones. La visita guiada es un imperdible que permitirá conocer algunos de los túneles coloniales del siglo XVII. Frente a la impresionante fachada de la iglesia de San Ignacio está la antigua Librería de Ávila, presente desde los inicios de la urbe.
Al sur de Monserrat nace San Telmo, que con sus calles empedradas, casas coloniales y patios con aljibes boceta la ciudad de antaño.
De camino a su epicentro se encuentra un tramo del Paseo de la Historieta. La escultura de Mafalda –en la esquina de Defensa y Chile– da comienzo a este recorrido que continúa con Isidoro Cañones, Larguirucho, Don Fulgencio y Clemente, entre otros personajes que conforman un recorrido ideal para conocer en familia.
Más adelante, el Pasaje San Lorenzo alberga una singular construcción: la casa mínima, que con apenas 2,50 m. de frente es la más angosta de la ciudad y la única de este tipo que queda en Buenos Aires.
En diagonal, se encuentra una de las obras de arqueología más importantes de la ciudad: el Zanjón de Granados, descubierto accidentalmente en 1985 bajo una casona de 1830. Hoy los visitantes pueden descubrir, en su laberinto de túneles que se extienden por toda la manzana, cuatro siglos de vida porteña.
Continuando por Defensa se accede a la Plaza Dorrego, donde en tiempos de la colonia funcionaba un mercado ambulante. Actualmente, los domingos es el escenario de una de las ferias de antigüedades más interesantes, donde se pueden adquirir discos, objetos decorativos y libros. En los alrededores, los célebres anticuarios ofrecen una destacada selección de piezas, ideales para coleccionistas.
Por otra parte, el Mercado de San Telmo es un espacio detenido en el tiempo, donde es posible comprar productos frescos o especias exóticas, pero también es recomendable perderse entre los puestos de antigüedades o juguetes. Está abierto de lunes a domingo.
Si el plan es bucear en nuestro pasado, El Museo Histórico Nacional reúne material que permite acercarse a distintos momentos de la historia argentina. La colección incluye litografías, cuadros, imágenes religiosas, mobiliario, objetos de plata y la reproducción del dormitorio de José de San Martín en Boulogne-Sur-Mer, ambientado con objetos originales.
Antes de abandonar el sur, es interesante visitar Barracas, uno de los barrios que se asienta a orillas del Riachuelo. Hoy es una zona donde el diseño, la moda y el arte marcan el pulso de cada cuadra, pero también goza de un pasado rico en historias y leyendas. En este sentido, uno de los puntos más interesantes es la iglesia de Santa Felicitas, de reminiscencias góticas y la única de Buenos Aires que exhibe estatuas de seres terrenales. La construcción se levantó en homenaje a Felicitas Guerrero, una de las mujeres más bellas de la sociedad porteña de fines del siglo XIX, quien fue asesinada por un pretendiente desairado. Alrededor de su figura se han tejido varios mitos y leyendas, pero lo cierto es que vale la pena visitar este santuario para admirar la imagen de Felicitas en mármol de Carrara, que la familia Guerrero construyó como homenaje.
Luego es posible acercarse a la calle Lanín, un pequeño pasaje que alberga una de las muestras de arte urbano más interesantes de la ciudad. Esta creación del artista plástico Marino Santa María, vecino del pasaje, está conformada por los frentes intervenidos de 35 casas que fueron pintados con distintas formas y colores, a los que luego les aplicó venecitas para preservar los diseños.
LA CONSAGRACIÓN DE LA METROPOLI.
Del mismo modo en que la zona sur es el área fundacional de Buenos Aires, la zona norte se caracteriza por haber recibido a la alta sociedad que escapaba de la epidemia de fiebre amarilla que azotó al sur de la urbe en 1871. Desde entonces, barrios como Retiro, Recoleta y Belgrano pasaron a conformar el centro de la escena de la vida cultural y social de Buenos Aires.
En primer lugar vale destacar que en Belgrano se produjo el acto de federalización de Buenos Aires en 1880, a través del cual se desvinculó la ciudad de la provincia homónima, promulgando a la ciudad de La Plata como capital provincial y a Buenos Aires como Capital Federal.
Este plácido barrio del norte porteño, con amplios espacios verdes, ejes comerciales y casonas señoriales, contiene algunos imperdibles, como la iglesia Inmaculada Concepción, a metros de la esquina más conocida del barrio: Cabildo y Juramento.
Al cruzar la calle, el Museo Enrique Larreta se destaca por su colección de arte español. Se trata de uno de los pocos edificios neocoloniales de la ciudad que contiene un magnífico jardín de estilo andaluz, único en Sudamérica.
Continuando por Juramento se encuentra la plaza Manuel Belgrano, donde los fines de semana se levanta una feria de artesanías. Más adelante, el Museo Sarmiento exhibe parte del patrimonio del expresidente.
Muy cerca, el Barrio Chino –surgido durante la década del ‘80 con el establecimiento de inmigrantes orientales, principalmente de Taiwán– se ha convertido en uno de los polos turísticos de la ciudad por su variada oferta de comercios y restaurantes. Desde su arco de acceso, en Juramento y Arribeños, se multiplican a ambos lados de la calle las tiendas y supermercados con productos alimenticios y objetos de decoración. Aquí también se celebra el tradicional Año Nuevo Chino.
En tanto, Retiro surgió a partir de la construcción de la lujosa quinta El Retiro y se consolidó con el asentamiento de las familias más pudientes que emigraron allí. El barrio se caracteriza por sus amplias plazas, residencias señoriales y galerías de arte. El eje principal se localiza alrededor de la Plaza San Martín, cuyo diseño actual es obra del reconocido paisajista francés Carlos Thays. En ella encontramos varios monumentos, entre los que destaca el cenotafio a los caídos en Malvinas.
Frente a la plaza, el edificio Kavanagh es importante por su historia y arquitectura. Inaugurado en 1936, fue declarado Patrimonio Mundial de la Arquitectura Mundial por la Unesco y es un exponente sin igual del racionalismo y el uso de hormigón armado. En los años ‘30 fue el edificio más alto de la metrópoli.
Por otra parte, el Museo de Arte Hispanoamericano Isaac Fernández Blanco, alojado en el Palacio Noel, una de las casonas más bellas de la urbe, posee una de las colecciones de arte hispanoamericano más importantes del mundo. En sus bellos espacios se realizan conciertos al aire libre así como ciclos de conferencias y espectáculos teatrales.
Finalmente, en la calle Arroyo se localizan las más afamadas galerías de arte, que exhiben los trabajos de artistas nóveles y consagrados.
Continuando por esta calle se accede a la plazoleta Carlos Pellegrini, ya en el barrio de Recoleta. Aquí nace la Avenida Alvear, tal vez la más elegante de la ciudad, que se distingue por el carácter aristocrático de sus residencias y palacios. Allí se puede reconocer el Palacio Pereda (hoy residencia del embajador de Brasil); el Palacio Ortiz Basualdo (actual Embajada de Francia); la mansión de Concepción Unzué de Casares (sede del Jockey Club); el Palacio Álzaga Unzué (Hotel Four Seasons); y la residencia Duhau (Hotel Park Hyatt). Estas construcciones reflejan la influencia del academicismo francés y confieren a la arteria un aire parisino.
Luego de la intersección de Alvear y Ayacucho, donde se erige el majestuoso Alvear Palace Hotel, la avenida concluye en la Plaza Intendente Alvear. Allí se extiende, desde la década del ’60, una feria artesanal con infinidad de puestos que los fines de semana se ven colmados de porteños y turistas.
Del otro lado, el Cementerio de la Recoleta, la iglesia del Pilar y el Centro Cultural conforman un interesante conjunto arquitectónico donde se puede conocer una de las basílicas más singulares de la ciudad, participar de alguna muestra de arte o teatro, y hacer algunas visitas guiadas para descubrir los misterios que encierran los monumentos funerarios de Eva Perón, Bartolomé Mitre, Domingo Faustino Sarmiento y la familia Alvear, entre otras personalidades de la historia argentina.
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