"La gran virtud del destino es la naturaleza que lo envuelve. En ese sentido, el Parque Nacional Nahuel Huapi se convierte en el mayor atractivo. El mundo de los viajes fue incorporando diversas disciplinas que hoy forman parte de lo que se denomina ‘turismo activo', actividades en la naturaleza en un marco de riesgo controlado a través de prestadores", manifestó Ismael Páez Britos, miembro de la Asociación de Turismo Activo de la Patagonia (ATAP) y especialista en la materia.
Consultado por este medio, explicó que lo que se ofrece en Bariloche son experiencias, "y eso es lo que lo hace entretenido. Nadie siente lo mismo haciendo rafting frente a una ola gigante, navegando en un río planchado o compartiendo una cabalgata con algún miembro de la familia". Además, subrayó que "los prestadores tienen mucha experiencia en todo lo relacionado con el turismo activo, y hoy en día hay un espectro enorme de posibilidades para que la gente pueda disfrutar en un ámbito seguro".
Bariloche: turismo activo para todos
EMOCION Y ADRENALINA.
Una de las actividades más atractivas de la zona es el rafting. Esta disciplina consiste en el descenso de los ríos de montaña en balsas inflables.
Las características y dificultad -que va de I a VI grados- varían según cada curso de agua.
En general, las balsas tienen capacidad para 10 personas más el guía, quien imparte las instrucciones para la navegación: "El Manso es un clásico, con sus dos opciones: el ‘Manso Inferior', para toda la familia; y el ‘Manso a la Frontera', con un nivel de dificultad un poco más alto, para el cual se requiere tener un mínimo de 14 años y saber nadar, ya que se atraviesan rápidos más fuertes", comentó Páez Britos.
En Bariloche también se puede tener una experiencia de travesía en kayak por los lagos, con salidas que van de media jornada a cuatro días, en ese caso con campamento incluido en alguna playa recóndita.
También se puede bucear. Y, por qué no, practicar canyoning, que es el descenso por ríos encajonados, piletones y algunos rápidos, mezclando disciplinas como la escalada y la natación.
Esta actividad, que se practica en el arroyo La Virgen, contempla saltos desde trampolines naturales y hasta pozos profundos, así como caminatas sobre las piedras, rapel en cascadas y tirolesa.
En el ámbito terrestre son muy recomendables las caminatas o trekking de medio día en la zona del Circuito Chico, donde pueden obtenerse magníficas vistas. "También se organizan ascensos a la alta montaña con pernocte en refugios, con el fin de entender la esencia de la montaña vivida como montañista. Asimismo, se pueden hacer travesías entre refugios, sin necesidad de bajar a la ciudad", explicó Páez Britos, y añadió: "Hay salidas con niveles de exigencia altos, como la del cerro Tronador, en la que no solo hablamos de esfuerzo físico sino también técnico. Por ejemplo, se necesita de un equipamiento especial para caminar sobre el glaciar".
Otra interesante opción son los circuitos de canopy. El punto de partida se encuentra en las proximidades de Colonia Suiza, donde luego de una breve instrucción se asciende con un vehículo por un camino de montaña hasta la primera plataforma, desde donde se recorren 1.500 m. entre las copas de los árboles durante casi dos horas.
"También se pueden atravesar montañas enteras en mountain bike. ¡Y se puede volar! Hay despegues muy buenos en parapente desde el cerro Otto para sobrevolar la ciudad, con toda la contención y seguridad que brinda un piloto experimentado y federado", subrayó Páez Britos, y concluyó: "Bariloche es diversidad. Se puede hacer una cabalgata en la estepa por la mañana, degustar un sabroso asado en una estancia al mediodía y, por la tarde, gozar de un marco de lagos y bosques húmedos, o de actividades en el agua".
TREKKING CITADINO.
Después de tanta emoción y acción, nada mejor que un paseo relajado por la ciudad de San Carlos de Bariloche, una de las más bellas de la Patagonia.
La urbe ostenta un conjunto de edificios públicos dispuestos sobre la calle San Martín diseñados al estilo alpino medieval. Es decir, con bloques de piedra, techos a dos aguas de maderas lustradas y tejas oscuras.
En lo que se conoce como Centro Cívico se encuentra la Comuna, la oficina policial, la intendencia del Parque Nacional Nahuel Huapi, el correo y la Secretaría de Turismo.
Uno de los peculiares atractivos de este sitio es la torre de la Municipalidad, donde hay un enorme reloj en el que, al mediodía y a las 18, se abre una puerta por la que aparecen cuatro figuras de madera: un aborigen mapuche junto a un tehuelche, un misionero -que simboliza al religioso Nicolás Mascardi, fundador de la Misión del Nahuel Huapi en 1670-, un conquistador -en relación a la Campaña al Desierto- y un labrador, en reconocimiento a los primeros pobladores.
La calle Mitre, en tanto, se distingue por ser un paseo de compras con fachadas de madera y delicioso aroma a chocolate que se escabulle de los numerosos locales que comercializan y se especializan en ese irresistible producto.
Muy cerca de allí merece una visita la catedral Nuestra Señora del Nahuel Huapi, de estilo neogótico, adornada con 45 vitrales. También el Museo de la Patagonia, el cual -inaugurado por Parques Nacionales- fue llamado Perito Moreno en honor a quien exploró y recorrió la región, además de donar las tierras que se convirtieron en el primer Parque Nacional del país: el Nahuel Huapi. En el luegar se visitan varias salas: las de Ciencias Naturales, Prehistoria, Etnografía e Historia Regional. También posee una de exposiciones temporales y cobija la biblioteca Domingo Faustino Sarmiento.
UN CAMINO DE POSTALES.
El Circuito Chico es una de las excursiones que no deben dejar de hacerse en estas latitudes de la Patagonia argentina. Consiste en un recorrido por la margen sur del lago Nahuel Huapi, donde se encuentran los miradores naturales de bahía López y el punto panorámico. Entre los atractivos sobresalientes que ofrece este recorrido sobresale el hotel Llao-Llao (miembro de The Leading Hotels of the World), Puerto Pañuelo y la capilla San Eduardo, que en su interior ostenta una obra de arte del famoso pintor argentino Raúl Soldi. Además, sus alrededores brindan una inmejorable panorámica de los cerros Tronador y López.
El paseo también tiene su versión más extensa: el Circuito Grande. Esta es una excursión de día completo que parte de la ciudad bordeando el río Limay hasta arribar al Anfiteatro, una formación natural que se asemeja a un circo romano.
Algunos kilómetros más adelante se accede al majestuoso Valle Encantado, donde pueden observarse extrañas figuras rocosas.
Luego, tomando el camino hacia el oeste y bordeando los ríos Cuyin Manzano, Traful y Minero, se asciende al Mirador Traful, un acantilado rocoso de más de 70 m. desde el cual se obtiene una impactante vista panorámica.
Continuando el camino se arriba a la bonita Villa Traful.
Finalmente se arriba a Puerto Arrayán y, atravesando El Portezuelo, se empalma con la Ruta de los Siete Lagos (Espejo, Correntoso, Escondido, Villarino, Falkner, Machónico y Lácar) para visitar la encantadora Villa La Angostura, regresando luego a Bariloche.
PROPUESTAS DE NAVEGACION.
La isla Victoria y el Bosque de Arrayanes, en el Parque Nacional Nahuel Huapi, pueden visitarse conjuntamente en una excursión lacustre partiendo desde Puerto Pañuelo, ubicado a 25 km. de la ciudad.
Se recomienda tomar la excursión de día entero, ya que el regocijo de los sentidos está garantizado.
Luego de 30 minutos de navegación se accede a Puerto Anchorena, en la zona central de la isla, donde se encuentra el centro de servicios. Desde allí pueden escogerse diversas opciones de caminatas -guiadas o libres- por senderos demarcados. Cada rincón de la isla propone una experiencia para disfrutar a pleno.
Es en estas latitudes donde puede descubrirse el sonido del silencio. Allí donde el aire puro permite percibir los aromas frescos del bosque, y donde el cielo diáfano devela paisajes y contrastes inconcebibles aun con los mejores recursos fotográficos.
La excursión puede continuar con la navegación hasta la península de Quetrihué, donde yace el otro gran atractivo del paseo: el Parque Nacional Los Arrayanes. A través de un sendero entablonado se pueden observar magníficos ejemplares de esta especie, con troncos anchos, de corteza color canela con manchas blancas, y alturas que superan los 15 m., que conforman un tupido bosque.
Puerto Blest y la cascada de los Cántaros es otra de las múltiples propuestas imperdibles. Alimentar a las gaviotas desde el catamarán en marcha y asombrarse de colores que parecen haberse escapado de la paleta de algún artista surrealista son sólo dos experiencias de las innumerables que depara.
El paseo comienza en Puerto Pañuelo, desde donde un catamarán navega rumbo al brazo Blest del lago Nahuel Huapi, en cuyo ingreso se avista la isla Centinela, donde descansan los restos del perito Francisco Pascasio Moreno, creador de los Parques Nacionales argentinos.
Tras una hora de navegación se arriba a Puerto Cántaros, en plena selva valdiviana, donde se asciende por un sendero escalonado hasta el lago Los Cántaros, cuyo desagüe alimenta a la cascada. Además, algunos miradores en el sendero permiten contemplar los saltos sobre las rocas.
Posteriormente, se regresa a la embarcación para cruzar hasta la otra orilla, donde espera Puerto Blest, con sus encantadores senderos que deparan muchas aventuras.
DIVERSION EN LO ALTO.
El cerro Catedral también puede disfrutarse en verano. Ofrece magníficas vistas panorámicas y la posibilidad de realizar actividades para gozar a pleno de su impactante naturaleza.
Mountain bike, cabalgatas, rapel, escalada en roca y trekking son algunas de las posibilidades que brinda la montaña a quienes deseen vivenciarla activamente.
Por su parte, el cerro Tronador es el más alto de la zona, con 3.478 msnm, conformando un límite natural entre nuestro país y Chile.
Puede experimentarse una excursión de día completo, en la que además de la imponencia del paisaje (bosques, lagos, montañas y cascadas) podrán contemplarse fenómenos naturales, como el ventisquero Negro.
El cerro Otto también ostenta interesantes propuestas. Caminando, o en su nuevo funicular La Cumbre, se asciende hasta la confitería giratoria, desde la que se contempla un paisaje colorido y fascinante, y donde pueden degustarse exquisiteces de la cocina barilochense.
Allí también hay un mirador y una destacada galería de arte, donde se exhiben réplicas de El David, La Piedad y El Moisés, de Miguel Ángel.
EXPERIENCIA GASTRONOMICA
Bariloche es la ciudad con mayor cantidad de chocolaterías por habitante del orbe. Sucede que el "chocolate Bariloche" es uno de los sellos distintivos y orgullo de los pobladores. La primera chocolatería de la zona fue la del italiano Aldo Fenoglio, y en la actualidad el chocolate de la localidad se ha convertido en un producto de exportación. Tal es la relevancia de este manjar que, desde 1969, se lleva a cabo la Fiesta del Chocolate, ocasión en la que se elige a una reina y cuyo premio consiste en su peso en chocolate.
Por otra parte, a 25 km. de la urbe se encuentra Colonia Suiza, una pintoresca villa de montaña en la que se recomienda degustar -además de las tortas y delicias de la cocina suiza- el curanto, un plato preparado con papa, batata, zanahoria, arvejas con queso derretido, zapallo, pollo, carne vacuna, de cerdo y de cordero, achuras y manzana. En un hoyo profundo los ingredientes se cocinan durante varias horas sobre piedras y cubiertos con hojas de nalca o maqui, bolsas de arpillera y tierra. Realmente imperdible.
También es imprescindible saborear otras opciones típicas de la zona como el cordero patagónico, fondues, goulash, truchas, jabalí, ciervo, quesos ahumados, dulce de rosa mosqueta y cervezas artesanales.
"En Bariloche, a partir de la primera semana de enero y hasta fines de marzo -época en la que suele hacer bastante calor-, en la orilla de los lagos y en los ríos el agua tiene una temperatura que oscila entre los 15º C y los 17º C. Para ser más gráfico, esa temperatura es similar a la de Mar del Plata", desmitificó Páez Britos.
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