Inicio

La ancestral modernidad

Milenaria y nueva, tradicional y de vanguardia, de pulso intenso y suave lenguaje, la capital mexicana es una de las más grandes urbes del mundo, en cuyas calles se conjugan la sabiduría de sus primeros habitantes y la visión futurista de las generaciones posteriores, dando como resultado una admirable mixtura cultural.

Una extraña escultura de formas romboidales y fulgurante amarillo, una antigua y bella iglesia, un edificio de vanguardia tan angosto y espejado que parece una maqueta, y un líder azteca eternizado en bronce conviven en apenas unos pocos metros cuadrados dando cuenta de la ecléctica fisonomía de México DF.
La escena se repite a lo largo del Paseo de la Reforma, apenas uno llega a la gran capital mexicana, pero en realidad el colorido comienza en el mismo aeropuerto, más precisamente en los pasillos del sector de migraciones, donde enormes murales ya dan un indicio de las formas y tonalidades que uno apreciará en cada zona de la urbe.
A la vez, a medida que el visitante se va internando por las calles de esta mega metrópoli, toma conciencia de sus colosales dimensiones y, sobre todo, de su intenso tránsito. Si Nueva York asombra por su altura, el Distrito Federal lo hace por su ancha extensión. Construida sobre lo que había sido la capital azteca, Tenochtitlan, es -con 20 millones de habitantes- la segunda ciudad más poblada de Latinoamérica, detrás de San Pablo.
Aunque la estadía sea larga, es imposible abarcarla en su totalidad. Por tal motivo, la mirada del viajero siempre será parcial y, como ocurre en los viajes, cada uno tendrá su propia visión de acuerdo a los itinerarios que haya priorizado.
Pero sin dudas todos coincidirán en destacar el Monumento a la Independencia, conocido popularmente como El Ángel, ubicado sobre el cruce del Paseo de la Reforma y la calle Florencia.
Inaugurado el 16 de septiembre de 1910, con motivo del Centenario de la Independencia de México, tiene una corona de laurel en su mano derecha, como ofrenda a los vencedores, y una cadena con eslabones rotos en la izquierda, que representa la ruptura del dominio español. De bronce con recubrimiento de oro, es el ícono por excelencia de la ciudad, con 6,7 m. de altura que se apoyan en una columna de 36 m., en las que hay numerosas estatuas de mármol y esculturas.


Colonial y global.

Sin lugar a dudas, el mejor lugar para comenzar el recorrido es el centro histórico. Allí, en la Plaza de la Constitución, más conocida como el Zócalo, empieza a palparse la verdadera ciudad. Este enorme espacio de 46.800 m², en cuyo centro flamea una inmensa bandera del país, está rodeado por la Catedral Metropolitana, el Palacio Nacional, sede del Poder Ejecutivo Federal; y el edificio del Gobierno del Distrito Federal, sede del Poder Ejecutivo local. Su nombre informal se debe a que en 1843 se construyó en el centro de la plaza un gran zócalo que serviría de base para un monumento a la Independencia de México, proyecto que quedó en el camino.
En el sitio donde se erige la Catedral -que cuenta con cinco naves y 16 capillas laterales- se encontraba el Templo Mayor de los aztecas, del que pueden apreciarse sus restos; y el Palacio de Moctezuma Xocoyotzin, edificaciones que fueron derribadas durante la conquista española y reemplazas por las actuales con el fin de simbolizar el cambio de poderes religioso y político de lo que sería el Virreinato de la Nueva España.
Desde el Zócalo es ideal internarse hacia las calles laterales, plenas de comercios, hoteles y bellísimos frentes coloniales. Entre otros, sobresale el del famoso Café de Tacuba. Fundado en 1912, es uno de los restaurantes con más tradición de la ciudad. Ubicado sobre la calle del mismo nombre, en una casona del siglo XVII, es ideal para conocer los sabores típicos del país, además de admirar sus azulejos, murales, puertas labradas en madera y pinturas clásicas.
Otro sitio que no puede dejar de conocerse en esta zona es el Gran Hotel de la Ciudad de México, un refinado establecimiento -que fue el primer edificio art noveau del país- cuyo techo central es un majestuoso vitreaux de Tiffany. En los interiores destacan una gigante y señorial araña en la entrada, delicados faroles en las puertas de las habitaciones y antiguos ascensores originales.
Pero así como existen una gran cantidad de frentes coloniales, también el DF ostenta un buen número de rascacielos, ya no en el Centro Histórico sino en otras áreas. Tal es el caso de la Torre Mayor, que con sus 230 m. y 55 pisos es el más alto de la urbe. Se encuentra en el número 505 de la avenida Paseo de la Reforma, muy cerca del bosque de Chapultepec. Otro ejemplo es la Torre Latinoamericana, que sí se halla en las inmediaciones de la parte antigua de la ciudad, más precisamente en la esquina de las calles Madero y Lázaro Cárdenas. Su altura es de 183 m. y cuenta con 45 pisos.


Hacia la casa de Frida Kahlo.

En los últimos años han cobrado gran auge las colonias (barrios) Condesa y Roma. La primera está ubicada en la zona céntrica y se la conoce como el Soho de Ciudad de México debido a la abundancia de cafés, librerías, galerías de arte, restaurantes y boutiques, como así también por la intensa actividad cultural y vida nocturna. Caminar por sus callecitas es verdaderamente relajante, ya que se trata de una zona con menos tránsito. A medida que se la recorre se descubren sus edificios neoclásicos y eclécticos de principios del siglo XX y sus construcciones modernas en las que predomina el art decó, como en el edificio Basurto. Además es posible pasear por los parques España y México, donde destacan hermosas pérgolas, extrañas y atractivas esculturas y el auditorio al aire libre Charles Lindbergh. También se puede visitar el Centro Cultural Bella Época, que alberga la librería Rosario Castellanos.
En tanto, la vecina Colonia Roma es el barrio residencial de la metrópoli, que durante la primera década del siglo XX fue el lugar elegido por parte de la clase alta, que vivía en suntuosos palacetes y mansiones, algunos de los cuales aún se conservan. También hay edificios modernos y otros que son fieles ejemplos de la arquitectura de la Belle Époque y del art nouveau , como así también del estilo neocolonial que surgió como respuesta a los anteriores. Algunos ejemplos son la Casa Lamm, los edificios Balmori y Río de Janeiro, la antigua sede del Centro Asturiano, ocupada actualmente por la Casa Universitaria del Libro; y el pasaje El Parián.
Otro barrio imperdible es Coyoacán, situado en el sur de la ciudad, que cuenta con un bellísimo centro histórico, numerosos teatros independientes y bares de atmósfera bohemia entremezclados con librerías y pintorescas cantinas. Aquí es donde se encuentra el Museo Frida Kahlo, también conocido como la Casa Azul. Ubicado en la calle Londres 247, fue el sitio en el que nació y murió la famosa artista, y en el que compartió su vida junto al gran pintor Diego Rivera. El inmueble fue convertido en museo en 1958, cuatro años después de su muerte y hoy es visitado por 25 mil personas por mes. En sus hermosos interiores hay expuestos objetos personales y pinturas, como así también documentos, cartas, joyas, muebles, fotografías, revistas, libros, dibujos y vestidos de su pertenencia.

Arte y religión.

Si de museos se trata, la complicación para abarcarlos será mayor que la necesaria para abarcar la ciudad. Una cuenta ligera da como resultado 112, pero seguramente sean 150, o más, lo que provoca que incluso sea imposible enumerarlos. Pero de esa lista, que habla a las claras de la inmensa riqueza cultural de México DF, es casi obligatorio conocer el Palacio de las Bellas Artes, sin dudas uno de los edificios más hermosos de la capital. Localizado en las inmediaciones del Centro Histórico -e inaugurado en 1934- es una verdadera joya arquitectónica, con una asombrosa fachada de mármol de Carrara, de estilo entre neoclásico y art nouveau, e interiores art decó. Es el sitio donde se realizan las más relevantes presentaciones de teatro, música de concierto, ópera y ballet clásico y folclórico. Su museo fue creado en 1948 y atesora murales de Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros, José Clemente Orozco, Rufino Tamayo y Manuel González Camarena, entre otros grandes artistas mexicanos. Además, cuenta con 2 mil m? para exposiciones temporales de escultura, pintura y fotografía. Durante el recorrido no hay que dejar de ingresar a la sala de espectáculos para contemplar con asombro el telón de cristal del escenario, de 22 toneladas, fabricado por la casa Tiffany de Nueva York con casi un millón de piezas de variados cristales.
Por el lado religioso, la visita ineludible es la "nueva" basílica de Guadalupe, construida entre 1974 y 1976 cuando la original, que data de 1709, se volvió riesgosa debido al hundimiento de sus cimientos. El templo que la reemplazó es una moderna estructura levantada en las cercanías, que se caracteriza por su diseño circular que permite que la imagen de la Virgen pueda ser apreciada desde cualquier punto de la iglesia. Ubicada en el vecindario de la Villa de Guadalupe Hidalgo (o simplemente "la Villa"), en el norte de la ciudad, tiene 100 m. de diámetro y puede albergar hasta 10 mil fieles. Esta impresionante construcción alberga un museo en el que se conserva una importante colección de arte novohispano compuesta por 1.500 piezas entre pinturas, esculturas y joyas, además de obras relevantes de Cristóbal de Villalpando y Miguel Cabrera.


El ángel nocturno.
Es hora de partir. Ahorita la combi recoge al cronista en plena madrugada y se dirige al aeropuerto atravesando una insólita ciudad quieta y dormida. Atrás quedan los embotellamientos de autos, voces, formas, canciones, colores, jacarandaes naranjas, palabras y aromas. Parece mentira, a esta hora, que durante el día 20 millones de personas transiten por estas arterias tan tranquilas en la liviandad de la noche.
La última imagen, a través de la ventanilla, es la de El Ángel, que brilla bronceado en lo alto, bajo la luna, iluminando el rostro del visitante que se despide.

TIPS PARA EL VIAJERO

Ubicación: en el centro-sur del país, en la región del Altiplano Central, a 2.240 msnm, cobijada por los volcanes Popocatépeti e Iztaccihuati.
Cómo llegar: desde Buenos Aires vuelan varias aerolíneas. Mexicana de Aviación ofrece 10 vuelos semanales directos desde Buenos Aires, a las 11.10 y a las 22.
Clima: Varía de acuerdo a la altura de sus barrios, siendo más fresco en las zonas de montaña. La temperatura promedio anual oscila entre los 9 y los 25 grados.
Alojamiento: como es lógico, hay opciones para todos los gustos y presupuestos. Desde fastuosos clásicos o modernos hoteles hasta económicos hostels.
Informes: Consejo de Promoción Turística de México, Reconquista 1056, piso 11. Horario de atención al público: lunes a viernes de 10 a 13 y de 16 a 18. Tel.: 4139-6770. Website: www.visitemexico.com.

Temas Relacionados

Deja tu comentario