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La Habana, corazón de Cuba

Con su rica arquitectura colonial, la simpatía entrañable de sus habitantes y el encanto único de estar detenida en el tiempo, la capital cubana es en la actualidad uno de los destinos turísticos más originales del mundo.
El incesante desfile de antiguos Pontiac, Playmouth y Cadillacs a lo largo de la avenida del Malecón conforma una escena decididamente cinematográfica que, de forma inequívoca, representa la esencia misma de La Habana.
Es que la capital de Cuba es -de punta a punta- una auténtica película, un verdadero viaje en el tiempo teñido tanto de una feliz melancolía como del ritmo inconfundible del son y los aromas del ron y el tabaco.
Fundada por el conquistador español Diego Velázquez de Cuéllar en 1515, "la ciudad de las columnas" -como la llamó el escritor Alejo Carpentier- es un atrapante destino que enamora a primera vista.
Apenas el visitante da los primeros pasos por sus calles, queda hechizado para siempre por la belleza única de esta urbe de 2,5 millones de habitantes. Y, como en toda gran ciudad, lo ideal es caminarla sin rumbo fijo e ir descubriéndola azarosamente.
Eso sí, el recorrido debería comenzar por La Habana Vieja, distrito considerado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Se trata del barrio más antiguo, en el cual existen casi un millar de magníficos edificios cuyos orígenes, en muchos casos, se remontan al siglo XVI y forman el conjunto colonial más rico de Latinoamérica. Pleno de monumentos, fortalezas, iglesias, palacios y conventos -que combinados con las encantadoras callejuelas, los floridos patios de las casas, los balcones y los enrejados de las puertas dan como resultado una deslumbrante fisonomía-, La Habana Vieja ofrece numerosos sitios de interés histórico y cultural.
Uno de ellos es la plaza de Armas, considerada el corazón de la añeja ciudad, porque a partir de la misma comenzó la expansión de la entonces llamada Villa de San Cristóbal de La Habana.
En las cercanías está situada la plaza de la Catedral, con el templo de estilo barroco y deslumbrantes interiores y una feria artesanal que también incluye obras pictóricas de artistas locales.

Habanos, helados y famosos.
Una de las zonas más hermosas de la ciudad es la del Paseo del Prado, oficialmente llamado Paseo de Martí. Aquí sobresalen el edificio del Capitolio, el neoclásico hotel Inglaterra y el vecino Gran Teatro de La Habana, de una exquisita fachada de estilo rococó.
Detrás del Capitolio se encuentra la fábrica de puros Partagas, edificio de 1845 que vale la pena visitar para ver trabajar a las famosas "cigarreras" que arman artesanalmente los habanos. 
Saliendo de este área bien se puede optar por el barrio El Vedado, donde se encuentran las calles La Rampa y L, que son las dos arterias principales de la zona céntrica. Aquí sobresale la enorme y mítica plaza de la Revolución, con el Ministerio del Interior hacia un lado -con la omnipresente imagen del Che Guevara cubriendo todo el frente del edificio- y el monumento a José Martí en el otro extremo.
En el Vedado se encuentra uno de los lugares más entrañables de esta ciudad: la famosa heladería Coppelia. Ubicada en la esquina de las calles 23 y L., y escenario de la recordada película "Fresa y chocolate", es uno de los sitios más pintorescos de La Habana y uno de los más concurridos por los ciudadanos locales. En sus instalaciones hay varios jardines rodeados de árboles y flores en los que los visitantes se sientan relajadamente a saborear los exquisitos dos únicos sabores que se sirven.
Saliendo del Vedado hacia la zona conocida como Centro Habana Vieja se pasa por el magnífico hotel Nacional de Cuba.
Emplazado en el saliente costero de Punta Brava, en la loma de Taganana -que en otros tiempos fue un clásico sitio de desembarcos piratas-, el famoso hotel ocupa el sitio donde en el siglo XVIII estuvo instalada la Batería de Santa Clara, parte integrante del sistema defensivo del país en aquella época. Declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1982, el establecimiento fue inaugurado el 30 de diciembre de 1930 y hasta comienzos de la década del ‘50 fue el único 5 estrellas de la región caribeña. El imponente y distinguido edificio combina sobriamente el estilo hispánico-árabe colonial con elementos art déco y neoclásicos. Este eclecticismo, presente en cada uno de sus glamorosos ambientes, deslumbra a huéspedes y visitante.
Entre las personalidades internacionales que lo eligieron para alojarse figuran Winston Churchill, Errol Flynn, Fred Astaire, Libertad Lamarque, Cantinflas, Frank Sinatra, Walt Disney, Pablo Casals, Pablo Neruda, Ava Gardner, Rita Hayworth, Ernest Hemingway, Buster Keaton, Julio Cortázar, Nat King Cole, Rocky Marciano y el gran Marlon Brando.

Pintoresca y distinguida.
Siguiendo camino abajo desde el hotel Nacional se llega a Centro Habana, barrio de viejos edificios de los siglos XVIII y XIX y bulliciosas calles donde los niños improvisan juegos de béisbol y fútbol y los ancianos fuman sus habanos en las puertas de las casas siempre predispuestos al saludo y la charla amable.
Uno de los sitios de interés de este distrito es la iglesia del Sagrado Corazón, un templo de estilo neogótico que asombra por su delicada belleza.
El colorido Barrio Chino, junto con las antiguas verdulerías y algunas pocas y pintorescas tiendas, complementan los atractivos de esta zona tan particular de la ciudad.
Y si bien Centro Habana -más allá del abandono que hace a su encanto- representa la parte más auténtica de La Habana, también hay que conocer el barrio residencial Miramar. Atravesado por la famosa 5ª avenida, este distinguido distrito comienza exactamente al final del Malecón, después del túnel de las Américas, y es donde se encuentran todas las embajadas y las casas más elegantes de La Habana. Es aquí donde se encuentra la Marina Hemingway, el mayor puerto deportivo de Cuba.
Y, por supuesto, nadie que visite La Habana puede dejar de recorrer el Malecón al atardecer, saborear los mojitos de La Bodeguita del Medio o el Floridita, disfrutar del magnífico show de música y danza en el legendario Tropicana, y bailar en cualquier bar al compás de la salsa y el son recordando a los entrañables Ibrahim Ferrer y Compay Segundo.

LA HABANA
Cuándo ir: cualquier estación del año es buena para visitar La Habana, pero la ideal es entre diciembre y abril, que es cuando llega a Cuba la mayor cantidad de vuelos chárter desde Canadá y Europa. También Navidad y Semana Santa son inmejorables períodos para conocer la capital cubana,
Gastronomía: la gastronomía típica cubana es una exquisita mezcla de las influencias española, africana y la asiática. Uno de los platos tradicionales es el congri, conocido popularmente como "moros y cristianos", y que consta de arroz y porotos. Otras especialidades son la zambrilla, a base de rodajas de plátano fritas y amasadas; los chicharrones de cerdo, y el picadillo de carne de res, conocido como "picadillo a la habanera". Entre los pescados se destacan el pargo, aunque también se consumen grandes cantidades de camarones, langostas y otras variedades de mariscos. Para los postres, nada mejor que el guenguel, dulce hecho con maíz molido, azúcar y canela.
Alojamiento: La Habana cuenta con una amplia plaza hotelera que incluye a las grandes cadenas internacionales y otras locales con servicios de primer nivel. También hay disponibles opciones en establecimientos más económicos.

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