"Ven, Bahía te espera. Es una fiesta, y también un funeral. El cantor de serenatas canta su llamado. Los atabales saludan a Exu a la hora sagrada del padê. Los saveiros cruzan el mar de Todos los Santos, más allá está el río Paraguaçu. Es suave la brisa sobre las palmas de los cocoteros en las playas infinitas. Un pueblo mestizo, cordial, civilizado, pobre y sensible habita en este paisaje de ensueño. Ven, Bahía, te espera", así invita Jorge Amado, el más grande escritor de la ciudad (y seguramente uno de los más trascendentes de todo Brasil). El libro se denomina "Bahía de Todos los Santos" y es que además de utilizar a la ciudad como escenario de muchas de sus obras, Amado decidió escribir su particular guía, donde pintó aquella metrópolis que desde siempre lo enamoró.
Bahía, una tierra de fe y belleza
Y Bahía correspondió a Amado, elevándolo a la calidad de verdadero embajador y referente ineludible de la cultura de esta particular ciudad.
Salvador de Bahía es una tierra de las mezclas. Allí se combina la heredad portuguesa con la holandesa, lo aborigen con las raíces africanas, la religión cristiana con el candomblé, la vida urbana con las playas. Toda Bahía es un gran sincretismo que se amalgaman como las caras de un diamante. Su mayor riqueza reside, justamente, en que esa mezcla de elementos termina por sintetizar y concentrar la quintaesencia misma de lo que es Brasil.
El 29 de marzo de 1549, Tomé de Sousa fundó la ciudad que en poco tiempo se convirtió en el puerto más importante de Brasil y en la capital de la colonia. Según la historia, para 1583 el poblado poseía ya 1.600 habitantes.
En 1624, los holandeses saquearon la ciudad en mayo y la conservaron en su poder hasta abril del año siguiente.
Bahía fue capital del Brasil colonial hasta 1763, año en que fue sustituida en esa función por Río de Janeiro. Este importante rol produjo para la ciudad la construcción de una serie de monumentos muchos de los cuales se conservan hoy día.
EL CORAZON ANCESTRAL DE LA CIUDAD.
El Pelourinho es el distrito histórico por excelencia. En él se encuentran 800 casonas que se remontan a los siglos XVII y XVIII, conformando uno de los conjuntos monumentales más importantes de Latinoamérica. Allí se aglomeran palacios, iglesias, y conventos. El distrito se ubica de modo estratégico cerca del puerto y de la antigua zona comercial de la ciudad. El ser construido en lo alto de una loma esto le permitía una defensa natural en caso de que la ciudad fuera tomada.
Entre las estructuras del Pelourinho se destacan los museos de la Ciudad, y el Eugenio Teixeira Leal. A ellos se suma el complejo Terreiro de Jesús que alberga el importante museo Afrobrasileño y el de Arqueología y Etnografía; y la Fundación Casa de Jorge Amado.
También se encuentra la plaza 15 de Noviembre, y la Iglesia de los Jesuitas, que es la catedral-basílica de la ciudad, de inspiración francesa. Se trata de un verdadero ícono del arte barroco en Brasil, construida en el siglo XVII, que atesora las imágenes de San Ignacio de Loyola, San Francisco Xavier, y San Francisco de Borja.
Una buena cantidad de los edificios históricos del Pelourinho son se origen religioso. La lista incluye las iglesias de San Pedro de los Clérigos, de la Orden Tercera de San Domingo, la de Nuestra Señora del Rosario de los Negros, de San Francisco y del Santísimo Sacramento de la Rua do Passo, además de los conjuntos de Carmo, y de San Antonio.
El Pelourinho fue declarado Patrimonio Histórico de la Humanidad por la Unesco en 1990. Vale recordar que el nombre del barrio se debe al tronco de árbol donde los esclavos negros eran encadenados para azotarlos cuando cometían alguna falta. Originalmente el pelourinho de Bahía se encontraba en el barrio que lleva su nombre, pero en 1727 fue trasladado a otro punto de la ciudad.
CIUDAD DE DESNIVELES.
Bahía está construida con forma de semicírculo, bordeando una península y recostada en varios morros. Esto le brinda una topografía singular, marcada por numerosos desniveles. En algún punto, la metrópolis parece más edificada hacia lo alto que hacia lo ancho.
Esto ha supuesto, desde siempre, prever modos de sortear esta diferencia de alturas. Más allá de las barrancas y las calles y avenidas inclinadas, Bahía cuenta con dos artilugios que hoy se han incorporado y forman parte de la identidad de la ciudad.
Uno de ellos es el Elevador Lacerda, inaugurado en 1873. De 72 m. de altura, lleva el nombre de su creador, Antonio Francisco Lacerda, quien lo ideó para mejorar las comunicaciones entre la "ciudad alta y la "ciudad baja". En 2002, este gran ascensor pasó por una profunda reforma incorporando muchos elementos de modernidad.
Del mismo modo, el llamado Plano Inclinado Gonçalves nació como un rudimentario tren que remontaba una cuesta gracias a la tracción animal (caballos) y que servía para transportar los materiales con los cuales los jesuitas construían su colegio. Sin embargo en 1889 fue remodelado y se proyectó comenzar a utilizarlo para transportar pasajeros. En 1910 se implementó un sistema de suministro eléctrico. Hoy el sistema remonta 70 m. de altura, pudiendo cargar hasta 36 personas.
UN PASEO POR LOS EDIFICIOS MAS EMBLEMATICOS.
Ahora bien, más allá de las estructuras del Pelourinho, hay una serie de monumentos que se encuentran fuera del distrito histórico. Algo similar sucede con los museos: además de los tres ya mencionados, hay otros 50 que son los que le permiten a Bahía, entre otros fundamentos, ostentar el título de la Capital Cultural de Brasil.
Unas cuadras al sur de Pelourinho se encuentra el barrio de Sé, que toma su nombre de una plaza central, y que fuera antiguamente el distrito elegido por las familias de mayores ingresos. En ese espacio se encuentra la estatua que homenajea a Tomé de Sousa fundador de la ciudad, capitán general de Brasil y primer Gobernador General.
Dada su importancia política a lo largo de la historia, Bahía ofrece una buena cantidad de palacios. Uno de ellos es el de Río Blanco, que se remonta a 1549, que fuera sede de las primeras autoridades coloniales brasileñas. Hoy es el Memorial de los Gobernadores, un museo que atesora objetos personales, reliquias históricas y documentos de los gobernadores de Bahía, desde que se instauró la República.
El rol que antiguamente cumplía el Palacio Río Blanco, como residencia del gobernador de Bahía, posteriormente fue cumplido también por el Palacio de la Aclamación, construido a comienzos del siglo XX. De estilo neoclásico, su elegancia incluye obras de artistas plásticos célebres
De 1549 es el denominado Palacio Municipal, sede del poder político de la ciudad en los tiempos de su fundación y de la colonia. En pleno siglo XIX, la estructura sufrió una profunda transformación que revistió la fachada original con un estilo renacentista. Una nueva reforma en 1969 pretendió restaurar ciertos sectores del edificio a su estilo colonial original.
DE FE Y COMERCIO.
Un recorrido por Bahia no podría excluir una visita a la iglesia de Nuestro Señor de la Buena Muerte, o de Bonfim, en su portugués original. El templo alberga las imágenes del Señor de la Buena Muerte y Nuestra Señora de la Guía, que arribaron de Portugal.
De estilo neoclásico, con una fachada rococó, la iglesia es una muestra típica de la arquitectura colonial portuguesa. Pero la principal trascendencia del templo no radica en su belleza, indiscutida por cierto, sino en su condición milagrera. Por eso se trata de un punto de continua peregrinación de enfermos y operados que le dejan testimonios de sus pedidos cumplidos en la llamada Sala de los Milagros. Por otra parte, las tradicionales cintas de color de esta iglesia, las fitas, se han convertido hoy en un símbolo internacional de la propia ciudad. El sincretismo que domina Bahía no circunscribe la importancia de esta "igreja" sólo al culto católico, sino también al candomblé. Es por ello que a las ceremonias religiosas, los devotos asisten vestidos de riguroso blanco.
Situado en pleno enclave histórico, en la "ciudad baja", rodeado de otras estructuras destacadas como el Solar de la Unión, el Centro Náutico, y la Bahía Marina, frente al Fuerte de San Marcelo, se encuentra el Mercado Modelo. Se trata de toda una institución, otro de los íconos bahianos. Inaugurado en 1929 como centro de abastecimiento y comercio de alimentos, en una locación cercana está desde 1971 en el solar actual, que antiguamente fuera la Casa de la Aduana.
El mercado es un verdadero epicentro turístico, donde se comercializan productos artesanales de todo tipo y donde también se pueden presenciar espectáculos artísticos. Lo cultural domina el ambiente, muy proclive a la bohemia, a la poesía y a la música.
LOS FUERTES DE BAHIA.
Siendo la primera capital colonial de Brasil, la ciudad fue durante mucho tiempo depositaria de inmensas riquezas. Debido a esto, se construyó todo un sistema de defensa militar basado en un conjunto de fortificaciones. Entre ellas, hay algunas que se destacan por su indiscutible protagonismo. Uno de más importantes es el Fuerte de San Marcelo, el ombligo de la ciudad y protagonista de las más reconocidas postales de Bahía, está situado en plena ensenada a 600 m de la costa. También se lo conoce como Fuerte del Mar y de Nuestra Señora del Pueblo. Su construcción se remonta a 1650 y fue consecuencia directa de la invasión holandesa. Aun hoy la única forma de acceder a la fortificación es mediante barco. Actualmente alberga tres exposiciones permanentes: Memoria del Mar, Memoria del Fuerte y Memoria de la Ciudad.
El Fuerte de San Pedro se sitúa en la calle Vizconde de San Lorenzo, y tiene una historia muy interesante. Punto de partida de más de un movimiento revolucionario en Bahía, ostenta el mérito de ser la primera guarnición militar en rebelarse al dominio portugués iniciando la llamada Guerra de la Independencia. Situado en una posición estratégica, el fuerte tiene acceso a una vista panorámica de la Bahía de Todos los Santos.
Finalmente, la nómina de los más relevantes cierra con el Fuerte de San Alberto construido entorno a una fortificación anterior: la Torre de San Tiago, cuyos vestigios arqueológicos fueron recientemente desenterrados. Este sitio tiene un valor altamente simbólico puesto que desde allí partieron los cañonazos que anunciaban y festejaban la salida de la ciudad de la tropas portuguesas del coronel Luis Madeira de Mello, en el hecho que selló la independencia de Bahía.
LAS PLAYAS DE BAHIA.
Todo el litoral marítimo de la ciudad posee playas utilizadas habitualmente, tanto por turistas como por los propios ciudadanos.
La decana de todas, situada frente a la Bahía de Todos los Santos, es la de Ribeira. Es sin duda la más concurrida, equipada con una buena cantidad de bares y restaurantes, además de las típicas barracas.
En el extremo sur de la península y de la propia ciudad se encuentra Porto da Barra, una de las playas preferidas por el turismo, de cara a una ensenada natural de 600 m. con aguas cristalinas y calmas.
El vecino sector del Río Vérmelo es ideal para la práctica del buceo por ser uno de las áreas más límpidas del litoral. Conocido como un punto bohemio, se encuentran allí una buena cantidad de hoteles y de restaurantes donde es posible degustar, según dicen, en mejor acarajé del mundo.
Aunque considerado no apropiado para tomar un baño, el sector de Pitaba es curiosamente el que mayor infraestructura tiene, sumándose a los bares, barracas, restaurantes y hoteles, discos, shopping, teatros y fase-foods. Se trata, además, de la primera de las playas que se orienta ya hacia el Océano Atlántico.
Alejándose de la Bahía de Todos los Santos, se encuentra la playa de Armaçao. Similar a la anterior y aunque se desaconseja bañarse aquí, es ideal para la práctica de surf y de algunos otros deportes.
Finalmente, las playas que restan, la del Corsário, Jaguaribe, Piatã, Itapuã y Stella Maris no difieren mucho entre sí. Se trata de sectores del litoral donde es posible bañarse y donde la marea baja conforman un sinfín de piletones. Cuando hay viento en varias de ellas se practica surf. Aunque la infraestructura varía, por lo general cuentan al menos con barracas bien equipadas.
Ubicación y clima: Salvador es la ciudad más importante y verdadera puerta de entrada de lo que se conoce como Nordeste brasileño. Debido a su ubicación la ciudad posee sólo dos estaciones bien marcadas: el invierno y el verano. De todos modos la temperatura promedio alcanza los 25ºC.
Cómo llegar:
Por Aire: Salvador posee su propio aeropuerto internacional, bautizado como "Luis Eduardo Magalhães", que se ubica sexto entre los de mayor movimiento de pasajeros anuales de Brasil. Además de contar con una buena cantidad de servicios diarios de cabotaje de las empresas brasileñas (TAM, Gol y Varig), también posee vuelos internacionales que la conectan, principalmente, con Europa.
Por tierra: La ciudad está integrada al complejo sistema vial federal, siendo las rutas BR-324, BR-101 y BR-116 las principales vías de acceso, sobre todo en el eje norte/sur. En sentido transversal el principal aporte lo hace la BR-242. A ellas se suman dos rutas estatales: la BA-099 que conecta Bahía con el litoral norte y la BA-001, con la costa sur.
Por mar: Aunque no es lo habitual, también se puede llegar a Bahía por vía marítima dado que se trata de un puerto que ofrece todas las facilidades para buques de todo tipo, incluidos los deportivos. En tal sentido, vale aclarar que el mayor tráfico es el de los ferrys, que unen a la ciudad con las localidades cercanas, y el de cruceros, que habitualmente recalan en Salvador provenientes de alguna otra ciudad turística.
Dónde alojarse: Como ciudad turística que es, Bahía cuenta con una amplia oferta hotelera, considerada una de las más completas y modernas de Brasil. Hay establecimientos para todos los gustos y niveles: desde albergues juveniles a los hoteles de cadena y categoría internacional.
Transporte: Lo más recomendable, dada la belleza de la ciudad, es moverse prioritariamente a pie, al menos durante el día. Sin embargo y si se lo prefiere, la ciudad cuenta con una bien equipada red de buses. También se cuenta con un servicio de taxis.
Informes: www.emtursa.ba.gov.br / www.bahia.com.br
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