Inicio

Cuatro días en Beijing

La capital de China exhibe la faceta más auténtica de un país que es tan lejano para nosotros, no solo por la cantidad de kilómetros que nos separan, sino también por su cultura, sus costumbres y su idioma. Aquí las visitas imperdibles bien organizadas para cuatro días. 

LOS IMPERDIBLES HISTORICOS.
Para un primer abordaje de China que a primera vista parece inconmensurable por su tamaño; y también para entender su cultura, descifrar sus costumbres y disfrutar del paseo, es imprescindible tomar el mapa y salir a caminar la ciudad, en este caso Beijing. Y en ese preciso momento comienzan a surgir las diferencias abismales que separan al turista occidental con el paisaje oriental. El mapa muestra una cuadra que para nosotros son diez. Y así también es la urbe: la mayoría de las calles ostenta el tamaño de grandes avenidas al estilo de nuestra 9 de Julio, las veredas están preparadas para recibir a millones de habitantes –en China hay algo más de 1.400 millones– y lo mismo cabe decir de las plazas.
Así que Beijing es una ciudad más para andar en vehículo que para caminar. Para caminar están los sitios de interés, como el Palacio Imperial, la Plaza Tian ‘Anmen y el Palacio de Verano para hacerlos en la primera jornada. El primero es una estructura enorme con cientos de salones y construcciones (70 edificios palaciegos) que sirvió de residencia a 24 emperadores, y a 8 a 10 mil personas, que ocupaban 8.706 habitaciones.
La Plaza Tian’anmen, que se extiende frente al palacio, es una explanada que cubre un área de 50 hectáreas con varios edificios, uno de ellos coronado por la imagen de Mao Tse Tung. Epicentro de importantes acontecimientos históricos, como la proclamación de los emperadores o la revuelta de la plaza Tian’Anmen en 1989, aún hoy es sede de eventos políticos.
Para la tarde queda el Palacio de Verano al que se accede en vehículo, sorteando el gran y desordenado tránsito que hay en Beijing. Construido a la vera del lago artificial Kunming en 1750, fue luego restaurado y embellecido por la emperatriz Cixi en 1899. Se destaca el pasillo techado que balconea al espejo de agua, en cuyo techo se plasman más de 14 mil pinturas del pasado de China.

LA FACETA EXOTICA.
La mañana hay que destinarla a la visita al Templo del Cielo, utilizado por los emperadores durante el solsticio de invierno para orar por las cosechas y para agradecer por los frutos obtenidos. Levantado a principios del siglo XV ocupa una superficie importante y está conformado por una serie de templos de planta circular de gran belleza, como el Salón de Oración por la Buena Cosecha, el Altar Circular y la Bóveda Imperial del Cielo. Está situado en el parque Tiantan Gongyuan, al sur de Beijing.
Dejando por un momento el paseo histórico, los turistas podrán adentrarse en Jianguomennei para conocer otra faceta de la urbe: la más moderna y pujante, donde se levantan los edificios de oficinas y embajadas. A varias cuadras por esa arteria se encuentra el mercado de Seda, que se asemeja bastante a La Salada local. Allí se ofrecen –insistentemente por parte de los vendedores– productos de marcas a precios inverosímiles. Por la noche, vale la pena caminar por Wangfujing, conocer la peatonal y terminar en una feria gastronómica de unos pocos puestos.
Si bien los sabores orientales calaron hondo en los últimos años en Argentina y el mundo, es imposible identificar los platos por sus exóticos ingredientes y porque poca gente en Beijing habla inglés. Un tiburón en miniatura, erizos de gran tamaño, una especie de gusanos gelatinosos, frutas –¿o verduras?– blancas en forma de hexágonos, grillos e insectos varios se exhibían desde los puestos como rarezas para los occidentales.

LA GRAN MURALLA Y SU ENTORNO.
Para acceder a la Gran Muralla lo mejor es tomar una excursión, ya que dista 75 km. de Beijing, y además se aprovecha para hacer otras visitas en el camino. Como un dragón ondulante que avanza a lo largo de 7 mil km. desafiando montañas, cultivos, provincias y ciudades, esta imponente construcción habla de la historia de China desde el siglo VII a. de C., cuando los reinos erigieron paredones de tierra para frenar a los bárbaros. Pero fue con la dinastía Shi Hoang Ti que las obras se llevaron adelante a lo largo de 5 mil km. Cada dinastía aportó lo suyo, incluso muchos hombres dejaron sus recursos y hasta sus vidas por la muralla.
El paseo se completa con un recorrido por las tumbas de la dinastía Ming, que reinó entre 1369 y 1644, cuando florecieron diversas manifestaciones artísticas y se consolidó un sentimiento de identidad del pueblo chino.
El Cloisonne data de esa época: se trata de una técnica artesanal muy usada en los famosos jarrones chinos, que consiste en realizar dibujos con finas piezas de alambre a modo de contorno. Luego se rellena con pintura y se cuece, repitiendo varias veces este proceso. Generalmente la excursión completa incluye una visita a una fábrica –Golden Palace– donde se puede conocer de cerca todo el proceso y la infinita paciencia de estos artesanos.
El jade es otro de los sellos made in China utilizado hace más de 5 mil años por su firmeza, luego devenido en símbolo de riqueza y más tarde como amuleto de la suerte, siendo “la esencia del cielo y la tierra”, según la cosmología china. Más allá de todo lo que el jade envuelve, hoy constituye un verdadero arte que se refleja en la forma de cortarlo y moldearlo para dar lugar a objetos, ornamentos y joyas muy requeridas. ¡Atención! Cuidado con las falsas copias. Hay varios comercios que lo venden, como Run-Ze Jade Garden, donde todo es original, aunque los precios un poco elevados.

LOS HUTONGS REMEMORAN EL PASADO DE LA CIUDAD.
Por la peatonal del área de Wangfujing –justo en la intersección con la feria gastronómica–, sorteando las tiendas y los shoppings, rumbo al Palacio Imperial, el turista dará con un paisaje distinto que desafía incólume el advenimiento de la modernidad: antiguas viviendas que se refugian intramuros y callejuelas angostas, todo bajo un mismo tono gris de los ladrillos y los techos.
Los hutongs –así se llaman las arterias de antaño– fueron construidos durante las dinastías Yuan, Ming y Qing. Las casas se caracterizan por sus entradas estrechas y sus ventanas que dan hacia un patio central. La mayoría tiene un cuarto de baño comunitario.
En el año 2000 había más de 4.500 de estas callejuelas que recorrían el viejo Beijing alrededor del Palacio Imperial. A partir de la concesión a Beijing de los Juegos Olímpicos de 2008, el gobierno de la ciudad decidió derribar gran parte de estos viejos barrios y construir nuevas y más altas viviendas.
Sin embargo aún quedan hutongs y viviendas que se abrieron al mundo del turismo, lo que implica que devinieron en pequeñas tiendas con las infaltables esferas coloradas cortando la monocromía del lugar. También hay comidas al paso. Y, por supuesto, bastante tránsito de bicicletas, mototaxis e incluso algún que otro auto que intenta escabullirse en las estrechas arterias.

Temas Relacionados

Deja tu comentario